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EL
MURAL DE PACHACAMILLA
Una
costumbre muy difundida durante la colonia fue la institución
de cofradías de negros. Eran organizaciones piadosas donde los
esclavos africanos acostumbraban reunirse, luego de una dura
jornada de trabajo en las chacras cercanas, en las casas de sus
dueños o llevando grandes cántaros de agua -que recogían de
los pilones de la Plaza Mayor- para distribuirlos a toda la
ciudad.
En
las cofradías aquellos esclavos venidos de la lejana África,
aprendían y practicaban los preceptos católicos que les impartían
los curas y frailes doctrineros de las iglesias cercanas. También
se prestaban ayuda ante una enfermedad y asistencia en caso de
muerte de algunos de sus integrantes.
Pero,
tras la oración y el culto católico, los esclavos encontraron
en estas asociaciones el espacio ideal para recordar y preservar
costumbres de sus países de origen.
Mientras
tanto hacia el límite oeste de la ciudad, en uno de los barrios
más pobres de Lima, denominado Pachacamilla, un grupo de
esclavos angoleños formaron una pequeña y modesta cofradía,
cuyo funcionamiento era similar a las otras.
Hacia
1623 Lima fue dividida prácticamente en dos partes por el
virrey Fernández de Córdoba para defenderla de un ataque del
pirata holandés Jacobo L'Hermite. Uno de estos sectores recibió
el nombre de Santa Cruz y dentro de sus linderos se encontraba
el barrio de Pachacamilla, el cual en sus inicios fue habitado
por indios llegados de Pachacámac. Al trasladarse la mayoría
de éstos al barrio del Cercado, el lugar fue habitado por
esclavos traídos de África, especialmente de Angola (finales
del siglo XVI).
Muchos
años después -entre 1650 y 1651- un esclavo de esta casta,
cuyo nombre la historia no alcanzó a registrar, pintó en la
pared del galpón donde solía reunirse su cofradía, la imagen
de Cristo en la cruz.
Detrás
del galpón transcurría una acequia, humedeciendo aún más el
ambiente y carcomiendo de manera paulatina el rudimentario muro
de adobe. A pesar de esa dificultad el anónimo esclavo,
convertido espontáneamente en pintor, plasmó la impresionante
figura de Cristo Crucificado que de inmediato fue causa de
devoción entre los negros de aquel lugar y adoptado como el
patrono de su cofradía.
Poco
a poco la población de Pachacamilla fue conociendo la pintura
mural y no faltó quien, conmovido por la imagen y viendo el
pobre lugar donde se encontraba, dejara al pie algunas flores
como ofrenda y se detuvieron a rezar unas plegarias.
Fuente:
Municipalidad de Lima
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