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Por.:
Christian Johnson
“El
Destino nos Alcanza”
Estoy
sentado en una sala del hospital Royal Victoria de Montreal.
Mientras espero mi turno, por mi mente pasan las imágenes de
una película que se esta rodando en la sala de emergencias.
La cámara hace un lento paneo de izquierda a derecha. Una
mujer encogida en su asiento, pálida, con los ojos cerrados,
mordiendo su dolor desde hace 12 horas. Un hombre joven
sentado en una silla de ruedas con una pierna extendida
sobre un banco de plástico. Su tobillo presenta una
masa del tamaño de una bola de billar. La cámara continua su
movimiento, una pareja de unos 50 años, habla en tono bajo.
Mientras el hombre sentado se queja de dolor, la mujer se
levanta cada hora y va hasta una ventanilla donde una
enfermera habla con ella a través de una puerta de vidrio.
El
televisor está sintonizado en las noticias de CNN. Parece que
la Guerra en el golfo es inevitable. Siete exploradores del
espacio encontraron su destino final entre las estrellas en el
cielo y escombros en la tierra. Alguien cambia la estación y
las noticias son locales, Bourque se cambia al ADQ, Dumont
ataca al gobierno de Landry que hace esfuerzos por renovar su
discurso político de separación, ofreciendo una semana
laboral de cuatro días. Charest observa el rió revuelto y
ofrece más dinero para medicare. Chretien en Ottawa se reúne
para asignar fondos al agonizante sistema de salud. No quiere
soltar el dinero hasta que no sepa en que lo van a gastar los
políticos provinciales. Landry que llega tarde por una
tormenta que no deja que su avión aterrice en la capital, le
responde que ya tiene el dinero gastado. Alguien cambia a una
estación deportiva y en un match de box, dos hombres de color
se golpean unos a los otros. Un arbitro blanco gesticula
mientras que el público de gris, grita, no sé que cosa.
El
periódico de la mañana, arrugado, descansa sobre un asiento
con la cara hacia la ventana, los titulares hablan de un mega
hospital, más grande con más espacios para los equipos
modernos y menos cuartos para las camas, mientras que los médicos
se van al sur como los pájaros.
Tres
máquinas que dispensan bebidas y comidas limitan al fondo
extremo izquierdo de la sala. Dos baños donde ingresan los
paramédicos después de entregar sus pacientes, marcan el
extremo derecho. A la izquierda cercana, una puerta de vidrio
a través de la cual se ven las camillas extendidas de
pacientes en estado semiconsciente, conectados a hilos de
cristal, que dispensan sueros
y medicamentos.
En
la pared detrás de mi asiento, tres ventanas donde va la
gente a inscribirse para ser atendidos. En una de ellas una
empleada come su sándwich mientras recepta la información de
una paciente que le habla en Francés. Por los corredores van
y vienen médicos, enfermeros, pacientes, empleados de
limpieza, policías, paramédicos, gente que entra gente que
sale. Las horas se hacen interminables, las manecillas del
reloj cansadas se aferran a los números desgastados. Afuera,
el frió intenso muerde el cristal de las ventanas con
desesperación.
Me
percato que lo que estoy viendo no son las imágenes de la
popular serie de televisión “ER,” en la que los casos son
atendidos a la velocidad de la luz y donde el contacto humano
es inmediato, violento, apasionante, espectacular y hasta
sensual. No, esto parece más bien una escena de la película
“Cuando el Destino nos Alcance.”
Esta
fue una película del año 1973, protagonizada por Charlton
Heston y Edgar G. Robinson. La trama se desarrolla en Nueva
York, en el año 2022. La población de la ciudad es de 40
millones de habitantes, de los cuales más de la mitad están
sin empleos. Hay una prolongada escasez de alimentos a causa
de las sequías y al sobrecalentamiento del planeta. ¡Un
frasco de mermeladas de fresas cuesta 150 dólares, si es que
se consiguen, ya no hay supermercados!
Los
gobiernos no son democráticos, la población es controlada
por grandes corporaciones que producen alimentos en forma de
pastillas y medicamentos y productos para los que tienen
recursos económicos.
El
gobierno raciona los alimentos artificiales y la mayoría de
la población joven no ha visto comida de verdad. No saben
como era la vida de antes, están limitados a vivir en la
ciudad. Solo algunas personas ancianas se acuerdan de cómo
eran los productos naturales.
El
personaje principal (Heston) es el detective Thorn que
investiga el crimen de uno de los directores de una compañía
que se llama Soylent, que produce una tabletas de alimentos de
colores, supuestamente hechos de algas marinas y de soya. Los
hay de color rojo, amarillo y el más nuevo el Soylent verde
que son unas tabletas que parecen barras de jabón de baño de
hotel de mala muerte.
Cuando
Thorn investiga la muerte del ejecutivo de la compañía
Soylent, descubre que falta un tesoro: una toalla, una
manzana, una barra de jabón, papel higiénico y comida real,
un manojo de apio, dos manzanas y media libra de carne. Pero
Thorne sospecha que este no es el motivo del crimen, sospecha
que hay algo mas grave sucediendo.
El
detective tiene un amigo mucho mayor que él, que se llama Sol
(Robinson) que es quien le ha conectado con el pasado de la
humanidad a través de sus narraciones acerca de las
condiciones de vida antes de que la crisis mundial y el
calentamiento del planeta produjeran cambios catastróficos a
la sociedad humana.
Las
ciudades están cubiertas de un denso “smog” que no le
permite a los humanos ver el cielo azul. La única manera de
ver los paisajes de antaño, los grandes campos cubiertos de
flores multicolores y la inmensidad del mar, es a través de
un video que le pasan a las personas que se inscriben en un
“generoso” plan de eutanasia, que los hace morir sin
dolor, mientras disfrutan de la música de su preferencia y de
las bellísimas imágenes del video que evocan los tiempos del
pasado.
Lo
interesante de este filme, que Sol, el anciano amigo de Thorn,
es la memoria viviente que lo conecta a su existencia humana ya que la colectiva e individual ha
sido limitada a lo que las computadoras reproducen bajo el
control del estado.
Mientras
tanto, Thorn descubre que el asesinato del Ejecutivo de la
compañía es un complot para esconder el hecho de que las
tabletas de raciones verdes, no son fabricadas de algas y
soya, sino de los cuerpos humanos de las personas que mueren o
que son eliminadas para disminuir la población. Lo irónico,
es que ni así llega a alcanzar las tabletas para todos.
De
repente, la voz de una enfermera que llama a uno de los
pacientes, me regresa a la realidad de la sala de emergencias
del hospital mientras una anciana es transportada en silla de
ruedas hacia el final del corredor.
Me
pongo de nuevo a pensar, tratando de acolchar las horas que
desesperan en la sala de las esperas de emergencia.
Las
salas congestionadas en los hospitales,
la disminución de los fondos para atender a una
sociedad que envejece rápidamente, el costo de la educación
que aumenta vertiginosamente, la inseguridad social y la falta
de empleos adecuados, la producción de alimentos de manera
artificial, el desequilibrio entre el “primer”mundo y el
“tercer,” todos
son alarmas sociales que están sonando fuerte. Todos tenemos
la posibilidad de rechazar o promover los cambios que más
benefician a la colectividad, antes de que el planeta y
nuestros destinos se conviertan en una triste realidad.
La
próxima vez que haya elecciones o alguien les pida una opinión,
infórmense bien y participen con una fuerte voz. Antes de que
los políticos nos conviertan en jabón y el destino nos
termine de alcanzar..
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