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Por.: Christian Johnson

 

Un festival de Cine que hizo reflexionar

 

Con gran éxito concluyó el quinto festival iberoamericano de cine de Montreal. Fue una vibrante semana de películas y videos de altísima calidad, presentados en el teatro de la Oficina Nacional de Cine.

 

En compañía de Annie Macdonald, Mariano Franco y Mercedes Alvarez me tocó la agradable y laboriosa tarea de compartir criterios para seleccionar las películas ganadoras de este encuentro cinematográfico.

 

Personalmente no creo que debería seleccionarse una película como la ‘mejor’ en un festival de cine. Creo que cada película que participa tiene su propio mensaje y mérito y cada espectador encontrará en cada película un reflejo de sí mismo. Pero en fin, aplicando dos fundamentos básicos, me senté durante seis noches consecutivas a disfrutar de las películas del festival. Basé mi criterio en el análisis del mensaje de interacción social que contenía cada film y el uso adecuado del lenguaje cinematográfico que el director había utilizado para hacerle llegar su mensaje al público.

El cine es una ilusión creada por personas con el afán de comunicar un mensaje, una emoción, un estado de animo, una situación social o una realidad política. Durante el proceso de comunicación que se genera cuando uno ve una película,  se descubren los que hacen la película y los que la ven. Es un proceso interactivo total. La afinidad o rechazo que produce la trama o cualquier elemento de la película, depende de las semejanzas y diferencias personales y culturales de cada espectador. Precisamente de eso quiero hablarles. Este festival me permitió disfrutar de nuestras similitudes y entender nuestras diferencias como hispanos.

 

La película ganadora fue la brasilera, Copacabana, dirigida por Carla Camurati. Este film trata sobre la vida de Alberto, un fotógrafo que momentos antes de cumplir 90 años, comienza a revivir las situaciones más sobresalientes de su vida personal y profesional. Aparentemente Alberto ha muerto momentos antes, y desde el ataúd donde es velado recuerda los momentos sobresalientes de su vida. Desde el instante que recién nacido, es abandonado por su madre a las puertas de un convento, hasta el momento de su muerte, que ocurre durante la fiesta que sus amigos le han preparado en su apartamento para la celebración de su cumpleaños. Alberto, como muchos otros ancianos en el barrio, comparte la famosa playa de Copacabana de una manera muy interactiva con personas mucho más jóvenes que él, que lo han llegado a conocer por sus andanzas y travesuras. Es interesante observar el contraste entre los ancianos que circulan por la playa y los jóvenes que han convertido este lugar en un templo a la belleza física y un culto a la juventud.

 

Llena de humor y ocurrencias, los 90 minutos del film – uno por cada año del protagonista –  transcurren de una manera jocosa y vivaz, mientras los protagonistas comparten sus recuerdos de todos los años que han vivido ese tradicional barrio de Río.  

 

Viendo a los protagonistas a lo largo de varias etapas de sus vidas, a medida que envejecen en el entorno geográfico y social, no podemos dejar de pensar, que si todos vivimos lo suficiente, llegaremos irremediablemente a viejos. Pero al mismo tiempo, Alberto nos recuerda que esa vejez no tiene que ser decrépita ni inútil. Los amigos, las memorias y una buena disposición ante la vida son claves para vivir a plenitud hasta el final.

 

La banda sonora, diseñada para relievar la gran carga emotiva de la trama, permite al público viajar entre el tiempo presente y el pasado, entre lo real y lo fantástico, contagiando al espectador de un estado anímico cautivado por la alegría de vivir.

Alberto, habla consigo mismo, con el publico y con sus amigos, atravesando las dimensiones de la fantasía y del tiempo de una manera que invita al espectador a ser cómplice en su aventura mental. 

 

Al final, Alberto, se levanta del ataúd donde ha estado en estado comatoso observando a sus amigos e irrumpe en la celebración ante la consternación de sus amigos. En la ultima escena, él está en la playa de Copacabana, mirando al paisaje y ríe, mientras sigue disfrutando de la vida, que para él está marcada por dos momentos especiales, cuando vienes al mundo y cuando te vas. Entre estos dos polos están las vivencias más importantes que marcan la vida lo largo de tu existencia. 

 

El premio del público fue para Corazón de fuego,  una coproducción Argentina, Uruguaya y Española, dirigida por Diego Arsuaga. Tres ancianos tratan de evitar que una antigua locomotora que ha sido restaurada, sea vendida a un estudio de Hollywood para rodar una película en el extranjero. Aquí vemos a tres hombres, que al final de sus vidas están dispuestos a arriesgarlo todo por evitar que parte del patrimonio cultural e histórico, sea desmembrado de su contexto social. La locomotora simboliza todas las vivencias de un pasado que ha dejado su huella indeleble en la identidad de toda una generación de Uruguayos. 

 

Esta película está nominada para los premios Oscar de este año. Llena de momentos tiernos y valientes, te hace pensar en todos nuestro valores culturales que son vendidos a consecuencia de la políticas neoliberales que han gobernado la mentalidad política de algunos ‘lideres’ Latinoamericanos.

El premio del jurado, fue para los Niños Invisibles, una coproducción Colombo-Venezolana, dirigida por Lisandro Duque. Rafael un niño de siete años se vale de una formula que obtiene de un charlatán de pueblo, para hacerse invisible con dos de sus amigos. De esta manera él podrá acercarse a Martha Cecilia, su vecina de quien esta enamorado, para descubrir si ella es un ser mortal igual que él. 

 

Las peripecias de los tres muchachos tratando de conseguir los elementos para cumplir con los requisitos del encanto, son entretenidas y graciosas. Para aquellas personas que han crecido en un pequeño rincón de un país Latinoamericano, los eventos son muy familiares y evocan a esa infancia perdida.   

 

Premio especial, fue para el Oso Rojo, una coproducción Francesa, Argentina y Española y dirigida por Adrián Caetano. Este film es la historia de un hombre que va a prisión por un asalto a mando armada, el día que su hija Alicia cumple su primer año.

Luego diez años es liberado y decide reconstruir su vida tratando de acercarse a su pequeña hija que no lo conoce y que ahora vive con su madre y su padrastro. Esta película bastante violenta en ciertas partes, permite al espectador entender la dualidad de un hombre que es capaz de expresar  dos estados emocionales completamente opuestos, la gran violencia durante un atraco a mano armada  y de una gran ternura por su pequeña hija, que trata de protegerá toda costa.

La capacidad de síntesis utilizando pocas escenas para decir mucho, es un magistral logro del director. Las actuaciones de Julio Chavez como el padre de Alicia, Soledad Villamil y de todo el elenco son tremendamente convincentes. A pesar del tono violento de algunas escenas, la sensación que embarga al espectador es de profunda ternura.

 

Bueno se me acabo el tiempo, hubiera querido contarle mas sobre las otras películas y los cortos. Lo más importante, es que los temas en su mayoría tocaron vivencias de gran profundidad emotiva. Hicieron reflexionar sobre las condiciones de vida en nuestros países del sur y las características vicisitudes de nuestro entorno cultural. En poco tiempo y reducido espacio, a través de un festival cinematográfico, se nos abre una ventana para contemplarnos a los ojos y escuchar nuestras voces. ¡Que vivan nuestras diferencias!  ¿Y nuestros parecidos?

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