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Por.:
Christian Johnson
Afinando
una noche en 440 palabras.
La aclamada
cantante venezolana Tania Nesterovsky, fue la invitada
especial del popular grupo latinoamericano “Acalanto,” durante
una velada presentada el pasado sábado en el “Café la Petite
Gaule,” de Pointe St. Charles.
La velada
organizada en solidaridad con Gladis Marín, dirigente política
y escritora chilena, que se encuentra librando una valiente
batalla contra el cáncer en un hospital cubano, contó con una
nutrida asistencia.
Era la primera vez
que la venezolana se presentaba públicamente con “Acalanto.”
“Para mí fue una gran oportunidad de compartir escena con este
prestigioso grupo, que además de interpretar con gran maestría
nuestra música, tiene una gran capacidad de convocatoria y de
solidaridad con el público latinoamericano y franco-canadiense
de Quebec,” declaró emocionada Nesterovsky.
“Acalanto” abrió
el espectáculo rompiendo el murmullo de la sala con las
primeras notas de “La Muralla,” un poema de Nicolás Guillén
llevado a la música por Quilapayún. Con un cuatro
magistralmente interpretado por Renato Pavéz, las primeras
notas llenaron la sala, seguidas casi al instante por Rafael
Azorca en el bajo, Carmen Pavéz en la guitarra, y Dominique
Azocar en la percusión, juntos colmando el espacio de la
noche, de música, canto y nostalgia.
Tania Nesterovsky,
tuvo dos actuaciones durante la presentación. En la primera
entregó a los concurrentes un manojo de canciones
latinoamericanas y en la segunda un ramillete de melodías
venezolanas; en ambas presentaciones arrancó generosos
aplausos de los asistentes.
El grupo
“Acalanto,” mostró gran versatilidad musical haciendo un
recorrido por las distantes pero cercas regiones de América,
hilvanando con un hilo invisible los corazones del auditorio
que se deleitó con la velada. Cada tema fue un peldaño en una
larga escalera que monta al ático de las memorias.
En escena, todos
los instrumentos de América, como si fueran “todas las voces
juntas,” esperaban su turno para darle forma a las melodías
que brotaban de las manos de estos talentosos músicos que han
encontrado lejos de sus países de origen una razón para vivir.
Con la trutruca,
un instrumento excepcional traído desde el corazón de los
Andes chilenos, Norman Raymnod llenó la sala con el gemido
profundo de un melancólico llamado Mapuche,
Quizá los aspectos
monetarios de esa noche en la escala global no se traduzcan en
grandes sumas que puedan resolver todos los problemas de
Gladis Marín. Quizá todos los gestos de solidaridad no le
puedan devolver la alegría al corazón de ésta chilena a quien
le ha tocado varias sendas difíciles en su vida. Lo que sí es
cierto es que esa noche, el grupo “Acalanto,” Tania
Nesterovski y el público que se dio cita para escucharlos le
pusieron mucho empeño y corazón para tratar de lograrlo. |