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Por.: Christian Johnson

 

Grupo de venezolanos protestó en las calles de Montreal

 

Mientras las miradas del mundo están atentas a los eventos en torno a una potencial guerra con Irak, más cerca en el balcón de América, un país hermano está a punto de estallar en una revuelta popular de terribles consecuencias materiales y humanas. Desde hace diez días Venezuela se encuentra sometido, por voluntad popular, a un paro total de actividades. 

 

El fin de semana pasado, tres personas que participaban en marchas pacificas en Caracas resultaron muertas y 28 otras resultaron heridas a consecuencia de los disparos hechos a la multitud en la céntrica Plaza Altamira, por defensores del gobierno del presidente Hugo Chávez. Manos asesinas que sin contemplación cegaron vidas con la misma indiferencia con la que se extermina un insecto. Manos escondidas, desmembradas de un corazón humano, ignorantes y ciegos a  la tragedia personal que han causado a seres inocentes y a sus familias.

A la distancia resulta difícil apreciar en toda su extensión la angustia social a la cual se traduce semejante situación.

Esta es una época que tradicionalmente ha sido de celebración y jubilo para el pueblo venezolano. Sin embargo, a consecuencia de la escasez de productos en los mercados y a la intranquilidad personal  debido a esta revuelta masiva, durante estas navidades, la tradicional hayaca, existirá como un recuerdo inalcanzable en la memoria de muchos venezolanos.

Nunca antes estuvo la población tan unida a favor de una causa, nunca antes estuvo tan dividido el pueblo venezolano. Unos a favor de Chávez, otros en contra.

 

En Montreal a las afueras de la Universidad de Concordia, el miércoles a las diez de la mañana, se dió cita un grupo de unos 50 venezolanos que desplegaban pancartas y entonaban proclamas en rechazo a la presidencia de Chávez. “Miguel Vásquez, pequeño empresario, que se confiesa como el ‘anti-Chavista’ más antiguo de la ciudad de Montreal, dijo, “El presidente se ilegitimó por no respetar ni los derechos humanos ni la constitución que él mismo impuso.” Con una pancarta escrita en Francés y exhortando a los compañeros a levantar la voz, Vásquez siguió comentando, “Antes, los más grandes rivales en Venezuela, eran los que estaban a favor del Caracas o del Magallanes, (equipos de baseball) ahora son los Chavistas contra los anti-Chavistas, el país está todo dividido, hermanos contra hermanos”

Daisy Romero, psicóloga residente en este país desde el 99, después de la tragedia que afecto el Estado Vargas en esta misma época del año, dijo, “Estoy protestando porque el gobierno no respeta los derechos humanos ni la libertad de los medios de comunicación.”

 

Richard Navarro, con gran emoción en su voz, dijo que participaba en esta protesta, “Para hacer participe mi dolor y sentimiento de impotencia que me agobia en la distancia ante tantos hechos de injusticia.” “Protesto por un lado, por lo que ocurrió en Altamira, y por la indignación que me causa saber que de un momento a otro todo el sistema general puede colapsar bajo un tono de violencia,” dijo Rene Orea, quien se encuentra en esta ciudad completando su maestría en música.

 

Militza Núñez, músico y desempleada, dijo, “Protesto en contra del gobierno de Venezuela, me rehúso a esperar 21 años para volver a un país libre.” En la nueva constitución, el presidente puede ser reelegido varias veces y Chávez ha manifestado su deseo de permanecer democráticamente en el poder hasta el año 2023.  

 

La marcha siguió su recorrido, golpeando cacerolas y cantando en su pacifico recorrido hacia el Consulado General de Venezuela, que queda a pocas cuadras, en la calle Peel. La Cónsul General de la Republica Bolivariana de Venezuela, Marina de Ratmiroff, dijo que ella no estaba autorizada a hacer cometarios políticos, sin embargo señaló que como su obligación es velar por los intereses de los venezolanos en esta ciudad, escucharía lo que los manifestantes tenían que decir. Como los guardias de seguridad del edifico no dejó subir al pequeño grupo de personas apostados a la entrada, la cónsul bajó a encontrarse con los manifestantes.

Iván Favreau, estudiante de administración, le dijo, que  “ No estamos contra las personas del consulado, nos duele a nosotros lo que está pasando en nuestro país y queremos dejar constancia de nuestro descontento. Muchos esperamos volver a Venezuela un día y quisiéramos encontrar un país en armonía donde poder vivir en paz. Muchos canadienses también manifiestan su rechazo.” En tono intimo, y mirando a la cara de Favreau, Ratmiroff, respondió, “Como venezolanos nos duele a todos, ojalá salgamos adelante por Uds. y sus hijos.”

 

Después de cantar Alma Llanera, la marcha se dispersó entre las personas que circulaban por las calles, caminaron a lo largo de las aceras que encintan las vitrinas vestidas de colores navideños. Se fueron por donde vinieron, todos cargando sus bagajes de memorias, satisfechos de haber levantado su voz, en tono firme contra un sistema que los oprime. En el espacio y en silencio de la tarde, una voz sin cara dejaba escapar un susurro,  “Yo nací en una ribera del Arauca vibrador, soy hermano de la espuma, de las garzas y del sol, y del sol... Y le canto a Venezuela con alma de trovador.”       

  

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