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Por.: Christian Johnson

 

Hablando con los fantasmas en mi cabeza

   

 Esta, ha sido una semana de gran movimiento, como un teléfono celular vibrando al amanecer sobre la mesa de noche del lado de tu esposa. Así que voy a dedicarle este espacio a un ‘pastiche’ post-modernista de experiencias que e vivido durante los últimos días.

El domingo estuvimos en un lujoso hotel de la ciudad en un desayuno ofrecido por el Partido Liberal de Quebec a las comunidades culturales. El tema, ya me parece conocido. Hasta puedo presagiar el futuro. Seguro que el próximo encuentro será con el Parti Québécois y con Bernard Landry. Un político lanza una primera piedra y los demás siguen el ejemplo. Ahora, uno de los enfoques de moda entre los organizadores de las campañas electorales,  es penetrar el “exótico misterio de las comunidades culturales de Montreal.” Quien logre resolver este acertijo humano podrá llevarse los votos. Como dice el Padre Xavier Perna de la misión de Nuestra Señora de Guadalupe, “Están generando capital político.” Visto de otra manera, están pescando en rió revuelto.

Pero bueno, volviendo al hotel, el desayuno muy vistoso, ampuloso, sin huevos, pero con mucho café.

Jean Charest hizo su entrada triunfal cerca de las doce, acompañado de una música rítmica en medio del vitoreo del público, integrado en su mayoría por franco-canadienses veteranos de estos menesteres.

Su discurso, como el desayuno, sin proteínas, nada nuevo. Habló de la diversidad, del trabajo de las personas en esta provincia y de lo que significan estas comunidades para la sociedad de Quebec. Habló de su mamá Irlandesa y su papá franco-canadiense. Muy divertido por cierto este relato. Charest, muestra gran carisma cuando cuenta la historia de cómo su mamá, Irlandesa de tercera generación en Canadá, le hizo percatarse de su propia ‘multi-etnicidad.’ La gente se ríe mientras él cuenta animadamente.

En fin, Charest ofreció compartir la torta de poder del gobierno provincial con miembros  de las comunidades culturales, si es que gana, para que ellos puedan regir mas directamente sus destinos.

Igual propuesta que la de Mario Dumont. Con la diferencia que Dumont dice que va a reducir el estado. Durante su discurso, Charest se auto-proclamó, defensor de “los valores liberales de los ‘Quebecenses’.

A la mitad del desayuno, en un salón aparte, los medios de comunicación tuvieron la oportunidad de plantear sus inquietudes. Con respecto a los valores liberales que defiende él, la pregunta mía fue, ¿ Cómo se diferencian estos valores de los de los otros partidos políticos como el  ADQ, el PQ, el Conservador y el Partido Liberal Federal?  Charest respondió, “Dejando a un lado a los Liberales Federales, de los Conservadores conozco un poco más; de entrada le digo que las filosofías políticas no aparecen en un vacío [cultural quiere decir] Por lo tanto el Liberalismo en Quebec se define a partir de la realidad ‘Quebecense’ y si se tiene en cuenta este hecho, de este primer factor de nuestros valores, se dará cuenta de porque defendemos nuestra lengua y cultura propia, liberal y ‘Quebecense’. ¿Entendieron? Parece escrito por Mario Moreno.

Después me fui a la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe a comerme unas empanadas en el pequeño puesto de comidas que funciona allí después de la misa de la una. Las empanadas eran de pollo y sabrosas, con proteínas. Conversé con unas personas de Centro América quienes me explicaron como se preparan las pupusas. ¿No saben lo que son las pupusas? Vayan a comerse una o varias este domingo que viene, después de  la misa en celebración a la Virgen de Guadalupe. Habrá como siempre en esta fecha tan especial para la comunidad, una gran fiesta popular en el amplio sótano de la iglesia.  Es común ver durante estas celebraciones a distinguidas figuras del mundo político de la provincia que buscan acercarse a los hispanos durante estas celebraciones populares. Si tiene suerte hasta podrían conseguir un autógrafo.

La noche del martes fui a la galería Entre Carres y compartí unos vinos durante el vernissage de una colectiva de seis artistas Latino Americanos. Después de echarle mano a una copa de vino, cortar un pedazo de queso brie y dejar mi abrigo por allí, me colgué como los cuadros a la pared.

De repente como el loco en la balada de Piazzola me fui a dar saltos por los buenos aires de mi cabeza. No. Yo no fumo. Pero si me gusta el vino. Así que me quede a contemplar.

 Otra vez de repente, los colores y las formas extrañas de varios cuadros a la izquierda del salón me atraparon con su mirada. Formas abstractas y colores combinados de una manera poco común. Debimos estar absortos mirándonos – los cuadros también te pueden ver – cuando Jean Bruneau, el autor de esa obra se acercó y me contó que antes de nacer ya él era fotógrafo y que esas imágenes las había tomado con su cámara a través  de un microscopio. Que le parecía muy interesante admirar el mundo invisible de las cosas materiales y descubrir sus intimidades. Basta me dije, entonces déjame ver que descubro yo en esas fotografías increíbles. De eso se trata, de ir a una exposición y ver que hay de nuevo debajo de la lupa de Dios. De no preguntarle nada a nadie, de no leer, que no te cuenten, que tu propia sensibilidad te lleve de la mano y te haga penetrar en el mensaje silencioso del artista.

La obra de Jean Bruneau, es impactante, es una manera grande de ver las cosas pequeñas, nos hace reflexionar sobre esa realidad que vemos con los ojos, o que pretendemos palpar. Podemos ampliarlas a la vista, pero nunca las podemos tocar, son demasiado pequeñas; una paradoja.

Luego conversé con Beatriz López, esposa de Jean. Ella es la “atrapa memorias.”  López, atrapa imágenes de momentos que ella misma piensa haber olvidado y las esconde sin querer y queriendo a la vez, en sus cajitas de sorpresas. Una rosa, una vieja pluma, un ramillete de cartas marchitas. ¿ Abiertas? Que importa. Están vivas en las memorias de Beatriz. Ella con sus técnicas nuevas para hacer viejo lo que lo nuevo no ha querido contemplar, coloca objetos antiguos y nuevos recogidos, sabe Dios donde,  unos al lado de otros generando un nuevo contexto, dándoles un nuevo significado en su encuentro.

Castillos de arenas, las frutas en el mercado de regreso en autobús, el aroma del aire del mar a las 3:15 de un viernes de semana santa, un rosario; memorias compartidas, como diría mi amigo Ulises Estrella. ¿Quién será la dama en la foto? ¿Dónde habrá comprado el sombrero de copa el hombre que aparece en el retrato junto a la dama? Un balcón del barrio de la esquina. Los gritos en la calle. Los niños, ¿ Juegan a la pelota? ¡No! ¡Corran que vienen los militares! Un niple. Un oleoducto que explota. El petróleo se desangra. En una esquina de la habitación, la silla de Rosalía espera por ella en algún rincón del universo.

Un poco mas allá en el espacio entre la multitud que llena la sala, encuentro la obra de Rubén Valdez. También como yo, tiene barcos de papel colgados en las paredes de sus sueños. Escenas mirando al morro de la Habana a través del cristal de los recuerdos. Cartas hechas barcos de papel escondiendo los mensajes de otras horas en las frías mañanas de Montreal. La técnica del colage descolado y repintado al antojo de los espacios, gobernados al azar en una dimensión que solo él sabe donde encontrarla en un rincón de su cabeza. Imágenes amontonadas, en el buen sentido de la palabra, agolpados como el aliento de un trotamundos que trata de ponerle orden a su aliento. Cada ojo, cada mirada, cuenta su propia realidad. Tejados, gallos de pelea, un atado de colores y nostalgias.

Al otro lado, Ángela Calle, tiene gente dormida en sus alas de papel. Ella hace descansar las formas de lo anónimo arrimadas como caracol en el entorno de un calendario de piedra, donde las horas se han pulverizado. Donde cuerpos abstractos vienen a recordar su desnudez.

Ya más al fondo, en los cuadros de Rosi Garita, miras a la mujer y encuentras al hombre. Una mañana Rastafariana hecho cara. ¿ Una estrella femenina parada de cabeza? ¿Cómo se paran las estrellas? Miradas mirando al mirador, descubriéndose en su propia intimidad.

Y entonces se hizo la música... Un cuarteto, del cual les hablaré en otra ocasión entregó un acopladísimo acto de integración musical Latino Americano que arrancó incansables aplausos del público.

El miércoles estuve en una conferencia de prensa en un bar de la calle Crescent donde los organizadores del Quinto Festival de Cine Ibero Americano, anunciaron el evento que se llevará a cabo del 7 al 12 de diciembre en el Cine de la Oficina Nacional de Cine, ONF, en el 1564 de la calle St. Denis y  Boulevard de Maisonneuve. Yo iré todos los días ya que soy miembro del jurado.

La Galería Entre Carres, donde se lleva a cabo la colectiva, queda en el 4495 del Boulevard  Saint Laurent o al teléfono (514) 845 9650.

Y si quiere saber algo sobre la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe pueden llamar a la misión, al teléfono (514) 525 4312.

    
  

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