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Por.:
Christian Johnson
Julián
tiene nostalgia
Julián
deja perder su mirada por encima de las aguas del río San
Lorenzo, hasta un punto en la distancia donde el Sol del
atardecer amenaza con prenderle fuego al horizonte.
“Se
me parece al río Orinoco cuando pasa por el malecón de
Ciudad Bolívar en la Guayana venezolana, devorando su propio
cauce, como la culebra que se traga su cola. Lo único que le
falta para que se parezca más, es la brisa caliente que sopla
del oeste, que
levanta en vuelo ligero a las garzas que regresan en la tarde
con sus alas encendidas color brasa y sus siluetas dibujadas
contra el cielo con trazos de carbón.”
Julián,
tiene nostalgia, le duele la ausencia que lo tienen atrapado
en tierra ajena. Algunas veces, durante sus horas de almuerzo,
se para delante de las escuelas públicas en Lachine y
mira a los niños jugando en los patios. “Dibujo las caras
de mis tres hijos sobre los cuerpos de esas criaturas que
viven a plenitud la alegría de su infancia. Me quedo absorto
recordándoles, escuchando en mi cabeza, las voces de Mariana,
Benito y José”.
Los
árboles desnudos y el aire frío le traen de regreso al viejo
puente levadizo que cruza las antiguas esclusas del canal de
la ciudad. Un año más se ha ido, Julián, piensa en
silencio. “Durante el otoño me devora la soledad. Ya faltan
apenas cinco semanas para la Navidad y una más para que se
acabe el año. Lo bueno, es que estoy vivo y nadie me tiene
que cargar; todavía hay Julián para rato y puedo seguir
trabajando para mandarle el dinero a Mikaela
y los muchachos. Cuando me casé con ella, hace casi
doce años, nunca pensé que tendría que dejarla atrás para
poder seguir amándola en la distancia, que vaina caramba.”
Este
es un país maravilloso de cuatro estaciones, Vivaldi se
hubiera vuelto loco con la belleza de la naturaleza
canadiense. Pero tanta belleza no es consuelo para un ánima
errante que salió por el río arriba soñando su regreso. Ya
lleva Julián siete años por estas heladas riberas sin poder
regresar.
“Voy
a extrañar mis hallacas navideñas, los aguinaldos y las
misas de la madrugada, los muchachos patinando en la plaza
junta a la iglesia y los saltapericos bailando su danza loca
sobre las aceras de cemento. Voy a extrañar el olor al pan de
jamón, las cachapas de mi abuela y el jugo de papelón, que
vaina caramba.”
Pero
bueno, como consuelo, Julián podrá ir a la Parranda navideña
que organiza todos los años la comunidad venezolana
a través de la Asociación Amitiés Quebec-Venezuela.
Julián y todas las personas que quieren deleitarse con una
autentica fiesta navideña venezolana lo podrán hacer; aquí
les copio parte de un artículo publicado en su página Web.
“Les
recordamos que nuestra parranda navideña tendrá lugar este SÁBADO
29 de NOVIEMBRE a partir de las 2 de la tarde en
el CENTRE LAJEUNESSE (7378, rue Lajeunesse.
Es
el cuarto año consecutivo que se organiza este evento en la
comunidad venezolana de El
grupo de danza Churún Merú vendrá especialmente de
Ottawa para deleitarnos con su vistoso espectáculo de danzas
tradicionales de Venezuela. Será uno de los atractivos de la
gran parranda navideña que organiza Amitiés Québec-Venezuela
el próximo 29 de noviembre. ¡Están todos bienvenidos!
Al
comienzo de la tarde habrá actividades para los niños:
juegos, rondas, piñatas, y la presentación especial de los Parranderitos
que han ensayado estas últimas semanas.
Por
supuesto, no faltará nuestra sabrosa comida típica navideña,
preparada con gran cariño: hallacas, pernil, ensalada de
gallina, pan de jamón y ricos postres, que estarán en venta
a precios razonables.
Habrá
rifas con tentadores premios ofrecidos amablemente por
nuestros queridos patrocinadores.”
Quien
sabe, a lo mejor Julián estará escondido entre el público
mirando y comiendo sus hayacas en silencio.
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