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Por.: Christian Johnson

 

A pesar de todo, la muerte nos une en la gloría

 

En resumidas cuentas, todos morimos por la misma causa: se detiene el corazón. Eso es lo que le sucedió a Compay Segundo y a los pocos días Celia Cruz, se detuvo el músculo principal de su cuerpo, el corazón.

Pero, mucho antes de su muerte física ambos habían alcanzado la inmortalidad a través de su influencia en el mundo musical.

 

Acá en la tierra, por diferencias política, nunca se llegaron a frecuentar, pero en el otro mundo,  – como decía otro grande de la música popular, José Alfredo Jiménez –  más allá de lo que suponemos es el infierno y el cielo, se encontrarán en la eternidad.

Me imagino que en esa condición convertidos en espíritus, tendrán suficiente tiempo para compartir sus intereses musicales y conversar.

Según la letra de su canción, Maximo Francisco Repilado Muñoz, más conocido como Compay Segundo, en su canción Clara Bella, no podía imaginarse que un día tendría que morir. Atrapado en su estilo de vida con tabaco, ron, las flores y las mujeres pensaba superar los 115 años de su abuela. Pero el último gran representante del Son cubano se quedó dormido en los brazos de la noche.

 

En la portada del diario Granma de la Habana, apareció este miércoles 16 la siguiente reseña: “SANTIAGO DE CUBA.— Una sentida manifestación de duelo popular devino aquí el sepelio de Compay Segundo, sepultado ayer en el panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, en el cementerio Santa Ifigenia, de la Ciudad Héroe.

Miles de personas desfilaron frente al féretro expuesto en el Salón de la Ciudad. Aquí, cubierto por la bandera cubana que tanto amó y defendió, Compay Segundo estaba acompañado de su inseparable guitarra, de su sombrero, un habano, sus maletas de viaje, sus condecoraciones.”

 

Como los faraones Egipcios, se fue con sus pertenencias personales al más allá.

Con respecto a la muerte de Celia, el decano de la prensa cubana optó por el silencio. Un silencio que más que ausencia de voz, es una ausencia misteriosa que más bien denuncia la importancia de la Reina de la Guaracha que prefirió migrar a los Estados Unidos después de la revolución. Ni una sola palabra en los diarios cubanos sobre su deceso.

En la portada del Nuevo Heraldo de Miami, la noticia de la muerte de Celia Cruz ocupó lugar predominante. Pero similar que en Cuba, un silencio total sobre la muerte de Compay Segundo. Es más, diría yo que la mayoría de los cubanos residenciados en Miami no lo conocían, aunque seguro cantaban su música.

Muchos cubanos pensaban que Celia Cruz había abandonado su gente al emigrar a los Estados Unidos, que había traicionado a su gente. Por su lado ella se sintió limitada bajo el régimen de Fidel Castro.

Según los datos de su biografía publicada en su página Web, Celia, “Nació en el humilde barrio de Santos Suárez de La Habana, el 21 de octubre de 1924, Celia fue la segunda de cuatro hermanos. Su familia y sus amigos se dieron cuenta temprano de que tenía una voz especial: cuando les cantaba a los niños más pequeños para que se durmieran, los mayores venían para escuchar su voz. Pensando que venían a vigilar, ella cerraba la puerta. A finales de los 40, abandonó su intención de hacerse maestra para estudiar vocalización y teoría en el Conservatorio de Música de Cuba de 1947 a 1950. En agosto de este último año, tuvo su primera gran oportunidad, cuando fue elegida para cantar con la legendaria Sonora Matancera de Cuba. Los 15 años que cantó con la orquesta La Sonora Matancera que para muchos representa  la Epoca de Oro de su carrera. Después que Fidel Castro llegó al poder en 1959, La Sonora Matancera abandonó Cuba el 15 de julio de 1960, con el pretexto de una gira, y Celia se estableció en Nueva York definitivamente en 1962. Enfurecido, Castro no le permitió regresar a Cuba a visitar a su madre enferma ni asistir al entierro de su padre. Celia tomó con filosofía las cosas. Apreciaba a sus admiradores de Estados Unidos y dijo a The New York Times: ``Si me muero ahora, quiero que me entierren aquí''. Y eso es precisamente lo que sucederá, Celia ya no volverá a su tierra natal.

En fin, la muerte de estos dos astros de la música popular evidencia la disparidad de criterios políticos. Pero fundamentalmente lo que se destaca es que la famosa objetividad periodística y la libertad de prensa y expresión es una gran falsedad. Por encima del aporte cultural de ambos personajes parece estar el mezquino interés de los que manejan la opinión pública de acuerdo a sus intereses personales.

Ni en Cuba hay libertad para decir lo que es dominio público ni entre los cubanos de Miami existe la posibilidad de hablar de lo que no le conviene a los que han escapado de un régimen de opresión. En otras palabras una paradoja, me voy porque no me dejan hablar de lo que quiero, pero a donde voy no podrás hablar tu tampoco.

¿Acaso no se dan cuenta los políticos que mucho después de detenerse los corazones siguen floreciendo las ideas? 

Dos lados de la misma moneda ¿ Es así como pensamos resolver nuestras diferencias? Con razón que la humanidad anda tan confundida.

 

  

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