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Por.: Cristian Johnson

 

Hablando con los difuntos: La muerte como celebración de vida.

 

Alborotadas en una loca danza aérea, todas las hojas de los árboles se dejan llevar engañadas por el viento en su último intento por alcanzar la eternidad. Seducidas y cansadas van cayendo una a una al pie de los caminos, adornando majestuosamente al paisaje con tonos rojizos, dorados y cobrizos, es la fiesta del otoño. Dos costumbres muy arraigadas nos cuentan de las condiciones de vida en esta parte del planeta. La celebración de acción de gracia invoca la presencia del pavo sacrificado en una cena familiar y las calabazas anaranjadas con sus miradas tenebrosas que observan  encendidas desde las ventanas de las casas, rememorando tiempos de brujas y demonios sueltos en la noche de Haloween.

Los que venimos de países del sur, donde la luz solar es más brillante durante todo el año sentimos el cambio de los días mas cortos, especialmente cuando retrocedemos una hora al reloj. Nos embarga una creciente sensación de nostalgia a medida que el sol se oculta prácticamente a la mitad de la tarde anunciando la cercanía del periodo invernal.

Lo curioso es que en todas las culturas humanas los cambios de estación llegan con sus particulares celebraciones. En Norte América la herencia de Haloween llega desde los antiguos Celtas  que celebraban con fuego el fin de la cosecha y la llegada del invierno en lo que hoy en día es Irlanda, Escocia y Gales. Se creía que en esta época las brujas, espíritus malignos y demonios salían a hacerle daño a los vivos. Con la llegada de la religión cristiana estas celebraciones fueron transformadas en parte de las celebraciones de la iglesia para en cierta forma asimilar culturalmente a los pueblos bajo una sola religión. Lo mismo sucedió en América del Sur, donde los pueblos aborígenes también tenían sus celebraciones dedicados a los difuntos. Las fechas quizás no coincidían, pero sí la costumbre. Fue la iglesia católica que designo durante el siglo X el dos de noviembre como el día de Todos los Fieles Difuntos..

 

Según Miguel Ángel Guerrero, Cónsul Adjunto de México en Montreal, “El Día de Difuntos, es un día muerto en México, nadie trabaja. Para nosotros, la muerte desde antes de la conquista era motivo de celebración. Es un transito a mejor vida y celebramos extrovertidamente con comidas típicas música y licor. Se le sirve la comida que más le gustaba al difunto, tacos, enchiladas y mole poblano; con su tequila favorita, cigarros y con las canciones que más le gustaba. Los Mariachis también les dedican sus canciones predilectas interpretados en el mismo cementerio,” Dijo el Sr. Guerrero, que en la antigüedad estas celebraciones se aprecia a las de los egipcios, quienes daban gran sentido al mundo después de la vida terrenal. 

Los cementerios en México durante estas celebraciones se llenan de tantas personas que van a festejar con sus familiares, que la policía debe incrementar su patrullaje para garantizar la seguridad ciudadana. Aquí en Montreal los mexicanos se reúnen para festejar como en México en restaurantes, iglesias y casa particulares. “Es costumbre pintar a los personajes que todavía viven como difuntos. Hoy iremos a la apertura de Expo-Muertos, en un conocido restaurante de la ciudad donde veremos a varios conocidos, algunos vivos otros fallecidos como Maria Félix pintada de calavera.”

El consulado también está celebrando el día de difuntos de una manera especial, “Estamos haciendo nuestro altar de difuntos con elementos que nos llegaron de México calaveras, ornamentos y papel colorido picado,” agregó el cónsul. La vida sigue entre los muertos con gran celebración, “Para los Aztecas, la muerte era el quinto mundo,” concluyó el Sr. Guerrero.

 

En el Consulado del Ecuador, el Cónsul General el Dr. Claude Lara dijo, “En el Ecuador tampoco se trabaja el Día de Difuntos. Como el Ecuador es un país multi-étnico, es costumbre celebrar el día de difuntos en los cementerios junto a los restos de parientes queridos, brindándole bebidas, comidas y conversando con ellos,” En la serranía ecuatoriana es costumbre hornear panes con formas humanas que se consumen con una bebida hecha de maíz que se conoce como “colada morada,” es un manjar que se brinda a los muertos y parientes que van al cementerio. Inclusive, se reparte juguetes entre los niños, es como una Navidad para las personas humildes, un día de celebración muy importante. 

 

Agrego el Dr. Lara, que como la mayoría de los ecuatorianos son católicos, muchos van a la iglesia en señal de recogimiento espiritual. “Personalmente, como católico creo en la vida eterna, porque si no hay eternidad la vida seria un absurdo. No creo que vengamos a este planeta solo a sufrir. En la otra vida tendremos más tiempo para hacer todo lo que no hemos podido hacer acá, hasta conversar largamente con los amigos,” dijo. Como el Consulado Ecuatoriano no construye altares a los difuntos, el Dr. Lara dijo que como el Consulado de México queda en el mismo edificio, se iba a dar un salto para ver de cerca como celebran los Mexicanos el Día de Difuntos.

 

  

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