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Por.:
Christian Johnson
La
cálida luz vespertina entraba casi
transparente por los vitrales del lado oeste de la
iglesia Nuestra Señora de Guadalupe. En altar, el padre Xavier
Perna, levantaba por última vez, la copa de vino consagrada
durante la misa de acción de gracia por sus 23 años de
servicio pastoral.
Momentos
antes, en la sacristía, me contaba de todos sus años vivido en
Francia, después de salir de España su tierra natal, para
luego de una breve estadía en Los Estados Unidos, radicarse en
Montreal, donde con un grupo de colaboradores fundó la Misión
de Nuestra Señora de Guadalupe.
Cumplirá
en diciembre, los 68 años, son muchos lejos de su Cataluña,
pero no él ha perdido su esencia catalana, más bien ha ganado
una universalidad ante la vida, de tantos lugares donde como
sacerdote ha tenido la oportunidad de conocer y sentir la
condición humana; esa condición humana que hace elevar las
miradas a un ser supremo, esa condición que acompaña, por
tradición, a una comunidad hispana que busca un contacto con
Dios.
“
Yo no me retiro, cuidado eh, yo solo dejo la parroquia. Después
de 23 años, me tomo un tiempo sabático, que son seis meses y
luego el Cardenal, me va a proponer otra responsabilidad,”
dijo el padre Perna.
Con
la escasez de sacerdotes, donde en Quebec, la edad promedio es
de 78 años, la iglesia no se puede dar el lujo de permitir que
uno que ha servido a su comunidad con tanta devoción, se retire
para siempre.
Al
haber pasado tantos años fuera de España, su país natal ha
cambiado tanto, que en una visita reciente, el padre Perna se
sintió en un lugar extraño, “España y Europa, han tomado un
giro radicalmente diferente, muchos cambios buenos y muchos a lo
mejor, no tan buenos, agrego, en tono prudente el religioso.
Insiste
enfáticamente, que no deja su comunidad, “Primero que todo,
no hay una razón dramática, sencillamente llevaba yo 23 años
trabajando en esta comunidad desde su inicio, y llega un momento
que puedo comenzar otra obra para continuar mi destino, siento
que me hace falta comenzar algo nuevo,” dijo con tono de
nostalgia en su voz, el padre Perna.
Por
ahora no sabe exactamente de que se tratará esa nueva misión,
pero después de estos seis meses, podrá tomar una decisión
según las necesidades de la Iglesia Católica. “No creo que
sea con la comunidad hispana, porque está bien asistida, quizá
hasta mejor que la comunidad Francesa o Inglesa de Montreal.”
De
todas manera, parece ser que por su dominio del idioma, será
con la comunidad francófona
que tendrá la oportunidad de servir los próximos años
de su vida como sacerdote.
El
padre Perna recordó que muchas personas de la comunidad
llegaron a Canadá escapando de desgracias naturales o escapando
a situaciones políticas y que son personas que han conocido de
cerca el sufrimiento y por eso han buscado con tanta devoción
un consuelo ante la misión de Nuestra Señora de Guadalupe en
Montreal. “Llegaban con el espíritu de gente que quería
colaborar con la iglesia. Pero lamentablemente después de
algunos años viviendo acá, muchos entran en el juego del
materialismo Norteamericano. Eso quiere decir, que comienzan a tener una cierta independencia económica, lógicamente
trabajando duro, una situación que posiblemente no habían
tenido en Latinoamérica y
entonces entran en el mecanismo de consumo a través de las
famosa tarjetas de crédito que los absorbe y los distrae de sus
tradiciones religiosas y se olvidan de lo que han sufrido en le
pasado.”
Mientras
tanto el padre Fernando Ferrara nuevo responsable de la misión,
dijo, “El padre Perna siempre va a estar cercano, a la
comunidad, hoy queremos darle gracias por sus 23 años de
servicio pastoral.”
Para
el padre Fernando, quedarse a cargo de la misión, no fue una
sorpresa, ya que ha sido algo que se ha ido preparando desde
hace un tiempo con las autoridades de la Iglesia y con el
entendimiento de las personas que entienden las necesidades
personales del padre Perna, que busca entregar sus esfuerzos a
comenzar una nueva responsabilidad.”
Por
ahora, no habrá grandes cambios a la obra del padre Perna, más
bien de continuar y tratar de mejorar lo que él comenzó,
“Buscando unir más a la comunidad Latinoamericana y tratar de
traer a más fieles a la Misión de Nuestra Señora de
Guadalupe,” concluyó el padre Fernando.
Al
final de la misa, una fila de personas de todas las edades que
escucharon durante tanto tiempo con cariño a su guía
espiritual se acercaban a despedirse.
De
repente, se contrae un corazón, no se detiene, solo se contrae,
luego un suspiro, una mezcla de nostalgia y alegría. Busco al
padre Perna, y ya nos está en el altar.
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