|
Por.:
Christian Johnson
Pierre
Bourque no da Pie con Bola
El ex-alcalde de
Montreal, Pierre Bourque, parece estar navegando en un mar de
confusiones, sin brújula, sin mapa y con rumbo a la deriva.
Después de una
larga y relativamente exitosa carrera como alcalde de Montreal
que tomó un rumbo fatídico como resultado de la impopular
campaña “Una Isla Una Ciudad,” el ex – burgomaestre no ha
logrado levantar cabeza ni impactar positivamente entre los
potenciales electores.
Para algunos
observadores, otro de sus grandes desaciertos después de
perder las pasadas elecciones municipales, fue renunciar a los
pocos meses, la directiva de su partido Visión Montreal como
jefe oficial de la oposición para unirse a Mario Dumont del
partido Acción Democratique. Lamentablemente para Bourque, el
resultado fue calamitoso, ya que no logró captar los votos
necesarios ganar la representación del distrito de Bourget
para el cual se había postulado por el ADQ.
Al verse “sin pan
ni pedazo”como dice el refrán, Bourque decidió regresar al
partido Visión Montreal y reclamar su antiguo puesto de jefe
oficial de la oposición que había abandonado meses antes, con
la justificación de que había sido algo temporal, es decir,
fue una apuesta sin riesgo de perder nada.
Cuando se vio sin
el apoyo de sus tradicionales seguidores, Bourque decidió
perfilar su ofensiva y tratar de conseguir apoyo de un sector
de la población mal llamado “comunidades culturales.” Digo mal
llamado, porque catalogar a los inmigrantes que llegan a
Canadá bajo el eufemismo de “comunidad cultural,” es primero,
segregacionista, porque diferencia y encasilla a los
inmigrantes del resto de la población de Montreal, recalcando
sus características culturales con propósitos políticos.
Segundo, este
apelativo insinúa que culturalmente los inmigrantes son seres
peyorativamente culturalmente ‘exóticos,’ y al mismo tiempo
deja en el aire la interrogante de quienes son las otras
personas que nos son parte de estos grupos minoritarios, ¿
acaso no tienen ellos también cultura?
En los últimos
tiempos, a pesar de los muchos intentos de llamar la atención
de los medios locales a supuestas irregularidades de
procedimiento en el municipio, nadie le presta mucha atención
a Bourque por falta de originalidad en sus propuestas.
Lo más reciente
maniobra para llamar la atención de los medios, fue el rechazo
de Bourque a la decisión de suspender el acceso gratuito al
Jardín Botánico de Montreal a los portadores de la tarjeta
“Access Montreal” por el actual alcalde Gerald Tremblay. Según
el alcalde, esta medida era necesaria para poder financiar las
operaciones del jardín y sus instalaciones. Bourque quiso
aprovechar la ocasión para recuperar parte del lustro perdido
por sus errores políticos.
Según uno de los
ex-colaboradores de Bourque, Gustavo Brady, “Políticamente
Bourque perdió la orientación. En el seno del partido, las
únicas ideas que valen son las que él propone, Bourque no
escucha a los demás. Cuando le conviene le echa mano a lo que
esté a su alcance para tratar de lograr su propósito.”
Para algunos otros
observadores, el más reciente error de Bourque ha sido crear
una nueva directiva para tratar penetrar en las “comunidades
culturales” de Montreal, basando su decisión en un grupo de
personas que se auto-proclaman representantes de algunas
comunidades y que solo buscan satisfacer sus intereses
personales, ya que no han sido elegidos ni reconocidos para
representar a nadie.
Aún otros
críticos, consideran que últimamente Bourque se ha quedado sin
propuestas originales que calen en la conciencia colectiva.
El actual alcalde,
Tremblay, tampoco ha logrado calar fuertemente entre los
votantes. Fundamentalmente llegó al municipio porque la gente
votó en contra de Bourque por haber unido a la isla en una
sola ciudad.
En éste momento,
la situación política de Montreal reclama a gritos a una
figura política que rompa con los antiguos esquemas impuesto
por ciertos manipuladores de opinión. Montreal busca un
autentico líder que se interese por el bienestar de la
comunidad y que plantee las soluciones para que ésta bella
ciudad no siga decayendo en todos los aspectos sociales,
morales y culturales.
Mientras tanto,
Pierre Bourque, un hombre de buenas intenciones, se va
quedando solo, sin nadie que le ayude ver su destino.
|