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Por.:
Christian Johnson
Poemas Secretos
en un Vuelo de Libertad
Cuando Ana
Rodríguez de Pacas salió de San Salvador, hacía Canadá, hace
17 años, empacó sus nostalgias anticipadas y sus recuerdos de
infancia en la misma maleta.
Al llegar a su
destino en Montreal, ya con el pasar de los años y en forma de
versos, sus viejas angustias y sus nuevas alegrías se fueron
abriendo como flores en libertad.
“Para mí la poesía
es una emancipación, me permite volar, es una manera de
rescatarme a mi misma de la opresión,” dijo Pacas con gran
vivacidad en su voz.
Como muchas
mujeres latinoamericanas, ésta salvadoreña, nacida en Santiago
de María, se siente atrapada por un sistema tradicional que ha
tratado de anular su existencia por medio de una opresión
institucionalizada. “Soy producto de una sociedad machista que
considera que el papel fundamental de la mujer está ligado
exclusivamente al hogar. Con mi poesía he pretendido golpear
en las entrañas de ese machismo tradicional,” agregó Pacas.
Desde pequeña,
ella sintió como el sistema iba apretando un nudo alrededor de
su vida, “Mi padre no quería que estudiara, decía que ‘era
gastar pólvora en Zope.’ Algunas maestras me trataban de
desencantar con la literatura, dudaban de mi capacidad
creativa. Por un momento hasta llegué a pensar que la poesía
era algo nocivo,” declaró la poetisa.
Para ella estas
“ganas de volar” son una búsqueda de libertad que sólo ha
podido encontrar en los confines geográficos de las páginas
vacías de su cuaderno, las cuales ha impregnado con su
existencia, distante de la tierra que la vio nacer.
No pasa un solo
instante, desde aquel día que en compañía de su esposo y sus
tres hijos varones, que ésta ex-maestra del Liceo Cristiano
Reverendo Juan Bueno, no se acuerde de su patria, de la
familia y amigos que dejó atrás. Ella ha tratado de llenar ese
inmenso vació escribiendo cuentos y versos sobre los problemas
sociales, sobre la humanidad, la injusticia y la compasión
humana.
Pacas no ha
perdido la capacidad de sonrojarse y confiesa que se le hace
difícil todavía tener que darle explicaciones a su marido, con
quien lleva 40 años de matrimonio, sobre los temas de sus
poemas. “A él no le gusta que pierda el tiempo escribiendo, me
reclama con frecuencia cuando piensa que no cumplo con mis
obligaciones en el hogar,” dijo la poetisa. Pero ella no lo
culpa por su predisposición, piensa que él también es una
victima del sistema, “Que lo obliga culturalmente a
reaccionar de esa manera.”
Por esa razón la
obra literaria de Pacas ha estado esencialmente supeditada a
los momentos que ha podido robarle a sus labores domésticas.
Ha escrito esperando al hijo que llegó tarde del trabajo,
mientras le cocinaba al marido y haciendo las labores del
hogar.
“Antes la poesía
era un pasatiempo, ahora es mi pasión, no puede pasar un día
de mi vida que no escriba algo, mientras espero que el tiempo
transcurra escribo a cada instante,” exclamó Pacas.
Hace un par de año
uno de sus poemas alcanzó notoriedad en los medios de Montreal
cuando una reportera del diario, Montreal Gazette, escribió un
artículo sobre la obra de ésta salvadoreña.
“Estaba en un
recital de poesía latinoamericana, durante el cual leí un
poema que describía la muerte sobre el pavimento de un joven
peruano abaleado por la policía, acusado de robar en una
tienda. Me impresioné más cuando la madre de la víctima vino
desde Perú para reclamar los restos de su hijo,” dijo la
poetisa con tristeza en su voz.
“La única culpa
que tuvo ese joven fue su ‘pecado de origen,’ el de ser un
joven latinoamericano sin un padre que le guiara y atrapado en
un sistema que no le supo abrir los brazos para que se
adaptara mejor,” agregó ella.
Lo que más le
asusta es la forma como los medios de comunicación en Canadá
representan a los latinos que llegan buscando mejores
condiciones de vida, que muchas veces por no saber adaptarse
al sistema proceden equivocadamente.
A pesar de haber
publicado varios poemarios y un libro de cuentos, los cuales
también distribuyó en El Salvador, ella considera que en su
caso la literatura no es todavía rentable. Muchas de sus obras
duermen escondidas y olvidadas en repisas polvorientas por
falta de promoción. Sin embargo, no pierde la esperanza de ser
reconocida algún día en su país natal por su fecunda obra
literaria. “Quisiera incitar a las jóvenes de mi patria que
busquen la libertad pero sin dejarse abandonar. Siempre hay
que dejarse guiar por las buenas costumbres y los valores
cristianos,” concluyó la compatriota.
Ni aún distante de
esas tierras de tradiciones arraigadas parece poder escapar la
musa que inspira a ésta poetisa salvadoreña. Hoy en vez de
pasar los años que le quedan detrás de un escritorio
revuelto, con sus manuscritos y sus diccionarios al alcance
de su teclado, ella entrega su tiempo cuidando a sus nietos
en el día; esperando escaparse en el silencio de la noche,
para remontar en vuelo libre y secreto por los espacios de su
mente.
Eso Que Dicen.
Que mi juventud
perdí
soñando y haciendo
versos;
no lo considero
así
porque mi espíritu
es terso.
De la edad no
digan nada,
ni hablen de mi
fantasía,
¿Quién no
encuentra un escapada
escribiendo una
poesía?
Cierto, estoy en
mi descenso
pero no
desvanecida,
hay un repertorio
extenso
y la llama está
encendida.
Si del fuego una
centella
despide mi
pedernal...
Seguro que hay una
estrella
en mi plano
sideral.
No, no lo he
perdido todo;
Mi juventud está
aquí.
Si lo miran de
otro modo,
en los versos que
escribí.
Ana de Pacas |