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Por.:
Christian Johnson
Para
doña María la sazón es un don divino.
Son muchos los
buenos locales especializados en comida salvadoreña en
Montreal, Canadá, pero el restaurante “Doña María,” sin duda,
es uno de los favoritos de gran parte del público
latinoamericano que vive en ésta cosmopolita ciudad.
Este negocio está
prácticamente organizado como una cooperativa familiar en la
cual intervienen más de doce miembros de una misma parentela.
Siete son accionistas propietarios y los otros trabajan como
empleados ocasionales.
Cada uno de ellos
tiene sus funciones específicas en el restaurante. Algunos
atienden al público y otros ayudan en la preparación de los
platos. Pero eso sí, en la cocina y en la sazón, quien dirige
es doña María Retama de Pérez, para quien el secreto del éxito
está en tres cosas fundamentales: La frescura de los
ingredientes, las buenas relaciones familiares y la ayuda de
Dios, ante todas las cosas.
Doña María, como
la llaman cariñosamente todas las personas que la conocen,
llegó de San Salvador hace siete años. “Al principio me costó
mucho adaptarme al clima frío. Además, tuve que estudiar el
Francés para poder comunicarme. Luego trabajé seis años en un
restaurante colombiano hasta que decidí independizarme.”
La idea de
comenzar este negocio nació de la familia que alentó a doña
María para que renunciara a su trabajo y ponerse su propio
local. Entre hermanos hijos y cuñados se pusieron de acuerdo
para colaborar y hacer realidad ésta idea.
Al principio
buscando un nombre le quisieron poner algo típico como
“Tecomates” al restaurante. Luego decidieron que como era doña
María la que le ponía el gusto a la sazón que el restaurante
debía llevar su nombre.
La salvadoreña
dijo que está por cumplir los sesenta años y que lleva más de
40 casada con Juan David Pérez. “Además de los años que tengo
cocinándole a mi familia tengo 35 años trabajando en la cocina
y aplicando todo lo que me enseñó mi madre y mi abuela,”
agregó orgullosamente doña María.
Muchos de los
ingredientes de su comida le llegan frescos semanalmente de El
Salvador. Para ella, una buena comida típica debe llevar ajo,
cebolla, tomate, yerbas, la preparación fresca y evitar los
aderezos artificiales. Pero lo más importante son las manos de
quien cocina. “Todo el mundo puede preparar una pupusa o un
plato de comida, pero no todos tienen una buena sazón, ese es
un don divino,” dijo con humildad doña María.
Con respecto a
las fricciones que puedan producirse, ella dice que, “Es
normal que existan pequeñas discordias entre familiares que
trabajan todo el día juntos, pero cuando surge un problema yo
impongo la serenidad guiada por las enseñanzas de Cristo y
todo se resuelve.”
Entre el público
favorito del restaurante, además de los ecuatorianos,
colombianos, peruanos, mejicanos y centroamericanos, están
muchos jóvenes salvadoreños que cansados de la comida rápida
norteamericana, vienen a reconectarse con su identidad
cultural a través de la gastronomía típica. “Muchos vienen por
las pupusas, la sopa de mondongo, el gallo en chicha, el pan
de pavo, la quesadilla de arroz, el volteado de piña y los
jocotes en miel, platos que normalmente sus padres por estar
ocupados trabajando, no tienen el tiempo de prepararles en
casa,” dijo Herberth Pérez, responsable de la atención a los
clientes del restaurante.
Doña María quien
trabaja seis días a la semana agregó, “Me estoy preparando
para tomarme unas merecidas vacaciones e ir a visitar a mi
hija y mis nietos que todavía viven en San Salvador y a
quienes no veo desde hace cinco años.”
Si las cosas
siguen viento en popa para el restaurante que abrió sus
puertas al público el pasado primero de mayo, esta familia de
compatriotas pronto tendrá que abrir una sucursal en otra
parte de la ciudad para cumplir con la creciente demanda del
público.
“Muchas veces no
hay una sola silla donde sentarse, especialmente los fines de
semana, cuando vienen muchas familias a saborear los platos
tradicionales,” concluyó doña María mientras se preparaba para
continuar con sus tareas en la cocina.
La gastronomía
típica de El Salvador nos solo reconecta a los salvadoreños
con los sabores de su tierra propia, sino que, además, es una
excelente manera he hacer conocer las costumbres y tradiciones
salvadoreñas entre todas las otras comunidades que comparten
está cosmopolita región del universo. |