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Por : Aymore Nene Zeze
UN CAMPO DE FLORES
PARA LA SEÑORA LUCILA CAMPOS.

Estaba allí en el proscenio con
reluciente vestido rojo y zapatos blancos, simbolizando los
colores patrios.
Estaba allí con la nobleza de su color moreno, el mismo que
irradia alegría y jolgorio de una noche omnicolor criolla,
de festejo, cargada de recuerdo.

La
criollísima Lucila Campos, por su actuación y profesionalismo,
se merecía un campo de flores en recompensa por haber hinchado
de emoción el corazón del peruano nostálgico, aquel que desde
la distancia del terruño y la partitura practica hace que se
reencuentre con sus raíces, la misma que te grita entre nieve
y frío, entre añoranza y algarabía: “Que hermoso es un vals y
un festejo afro peruano, cuando se canta y toca con categoría
y prestancia”.
La
señora Lucila Campos, cantó con donaire, tocó la clave con
gracia, bailó salsa bien chévere con clase y disfrutó de la
maravillosa noche con sandunga, haciendo gozar a los cientos
de peruanos que la respaldaron con su presencia. “Y sé Llama
Perú”, señores.
El
grito de “Arriba Alianza” se hizo populoso y las notas del
maravilloso himno chalaco “Nostalgia Chalaca”, invadió la casa
de papa Dios, juntando la melodía de la música del nacimiento
y de la patente histórica del pentagrama criollo.
Acompañada magistralmente por el
grupo “Los Tumis”, verdaderos Embajadores de la música criolla
en la Isla de Montreal, la reina de la jarana vibró la Sala
Saint Eduard.
La
parte bailable y coreografía espectacular fue del Grupo
Esencia Del Perú. Un grupo de jóvenes con inmenso talento en
interpretar el folklore peruano.
Un
día antes, la ciudad de Toronto cientos de peruanos habían
gozado con su arte.
Lo
extraordinario fue que la señora cantante, 10 horas después,
entre viaje y el poco reposo, logró repetir con
profesionalismo, la misma actuación, en Montreal, sin trémulos
desfallecientes con su vigorosa voz, provocando admiración por
la energía que demuestra en cada interpretación.
Estaba allí, en el preámbulo de su gran actuación con mucho
respeto y extrañando quizás el lenguaje característico al que
nos tiene acostumbrados.
Esta
vez, no fue necesario utilizar la jerga popular, porque la
estrella estaba iluminada representado a su estandarte y
color. No importa lo grito orgullosamente por usted señora
Lucila: ¡VIVA EL PERU CARAJO!
Las
fotos fueron tomadas en Toronto y Montreal. |