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Por.:
Luis Delgado
Aparicio-Porta
La
Música Patogénica en el Trabajo
En
el año de 1441 diez nativos del Norte de Guinea le fueron
ofrecidos al rey de Portugal, Enrique el Navegante, por un súbdito
Antón Goncálvez obsequiándoselos como una mera curiosidad.
Con el descubrimiento de nuestro continente, se oficializó con
la venia de Carlos V en 1518, el abominable negocio de la trata,
uno de los hechos históricos que avergüenzan a la humanidad.
El Caribe fue la puerta de entrada al Nuevo Mundo, encontrándose
todo esto documentado en el Catálogo de Pasajeros a Indias de
la Casa de Contrataciones de Sevilla.
Hacinados,
famélicos y aterrados por la peste se ha determinado que
millones de ellos, durante tres siglos, fueron traídos de la sábana
occidental del África y embarcados desde Senegambia
(Mauritania), Costa de Oro (Dahomey) y La Ensenada de Benín
(Vieja Calabar) hacia América. Se les consideró como homúnculos
tratándose inicialmente de deculturarlos. El 52% fue a la
Hispaniola, Cuba y Jamaica, 38% a Brasil y 10% a América del
Norte.
La
religión y la música eran
su único equipaje
Provenían
del Calabar donde se origina la etnia Carabalí, hoy Camerún;
del Congo de Angola de donde proceden la Palo Mayombe y del
recodo del Río Níger en el Arco del Golfo de Guinea, cuna de
los Yorubas. Ellos descendían de los Phoenacios que eran
cercanos a los egipcios y que a su vez fueron conquistados por
los romanos, creando lo que es conocido como los reinos de
Marruecos, Trípoli, Gabón y otros que utilizaban esclavos para
cultivar sus tierras. La Royal African Company, así como
contrabandistas portugueses, holandeses y españoles, se
encargaban de traerlos en galeones, carabelas y bergantines, que
carenaban en Las Antillas con su cargamento de ébano, la mano
de obra para las plantaciones y que después adoptarían el
nombre de Ingenios. Según Paul E.Lovejoy “Transformations in
Slavery” (Cambridge,1983, página 19) la exportación de
esclavos desde Africa a las Costas Atlánticas, entre 1450 y
1880 fue de 11’698,000.
Su único equipaje
consistía en la religión y su música. Respecto al primero, el
negro conservó su costumbre de antropomorfizar a la naturaleza
y para que los mayorales les permitieran adorar a sus
“deidades”, ellos camuflaron sus dioses (orishas) en la
Iconolatría Católica – sincretismo religioso – que se
conoce como Santería, regla de Ochá o Culto Lucumí de los
Santos según Migene González – Wipler. En su muy versado
estudio el profesor Julio Díaz Cortez explica: “Ochá en
Lucumí significa Santo, pero en Haití la palabra se convierte
en Loa y su práctica como Vudú; en Brasil es Macún y la
religión es Macumba. En otras regiones del Caribe le llaman
Candomblé”.
Primero
fue el ritmo y
el movimiento
En el nuevo suelo tanto el ladino como el bozal,
perseveraron en desarrollar su música, logrando que a través
del baile denominado “calenda” y originalmente prohibido por
ser lascivo, de los simbolismos y las funciones, su musa, la
“Terpsícore
Negra”, fue fuente principal de trabajo, y alimento para el
espíritu. En el Caribe, antes que el verbo estuvo el ritmo y el
movimiento. Los instrumentos musicales que ellos confeccionaron
en el nuevo suelo eran igual que sus patrones originales.
Estos se encuentran dentro de la clasificación universal
de aerófonos, cordófanos, idiófonos y especialmente los
membranófonos, siendo sus diversos tambores el medio de
comunicación que nos remontan a 40,000 años atrás. Con el
Homo Musicus, se perfilan las primeras expresiones musicales
asociadas a un hecho colectivo como parte de una cotidianeidad.
En las faenas diarias,
los mayorales eran implacables en la vigilancia para el
cumplimiento de las labores manuales. Como estudió con
prolijidad Don Manuel Moreno Fraginals: “subsistieron en los
ingenios una extraña mezcla de trabajo asalariado y esclavo. En
cierta forma podemos afirmar que no hay sucesión de una forma a
otra de trabajo: Lo que existe es yuxtaposición, simultaneidad
de ambas formas dentro de la misma manufactura”. Desarrollado
el mercado de brazos y el hombre como equipo, en los albores del
siglo XVIII, los campos esclavistas fueron siempre organismos
sociales deformes. Estos “jamás constituyeron una entidad
social nacida y desarrollada orgánicamente, ni llegaron por un
acto volitivo de sus pobladores”.
Don
Fernando Ortiz :Máxima
autoridad del negrismo
La contraprestación por el trabajo se denominaba Funché
(comida), Esquifacción (vestido) y Barracón (vivienda). El
alimento se entregaba semanalmente y eran diferente las
cantidades en razón del servicio. Trabajaban infatigablemente
12 horas diarias incluido los domingos durante la Zafra. Se ha
determinado que en las pausas del corte, los esclavos pelaban cañas
y las mascaban para sorber su azúcar. Al regresar del campo
“entraban por la casa de calderas y metían sus jícaras en
los bombones rebosados de guarapo caliente, antes de dirigirse a
la cocina”.
El punto de quiebre llegó desde América del Sur. Los
movimientos abolicionistas cobraron su auge en el siglo
siguiente. Se impuso a los terratenientes y a los propietarios
urbanos una evolución gradual de la esclavitud hacia una futura
emancipación. Así, se dio en 1823 en Chile; 1829 en Méjico;
1851 en Ecuador y Colombia; 1853 en Argentina y por el Decreto
de Huancayo el 3 de diciembre de 1854 se abolió la esclavitud
en el Perú.
Después en 1863 se
decretó la misma en los Estados Unidos y en el Caribe a fin de
siglo.El punto de quiebre llegó desde América del Sur. Los
movimientos abolicionistas cobraron su auge en el siglo
siguiente. Se impuso a los terratenientes y a los propietarios
urbanos una evolución gradual de la esclavitud hacia una futura
emancipación. Así, se dio en 1823 en Chile; 1829 en Méjico;
1851 en Ecuador y Colombia; 1853 en Argentina y por el Decreto
de Huancayo el 3 de diciembre de 1854 se abolió la esclavitud
en el Perú. Después en 1863 se decretó la misma en los
Estados Unidos y en el Caribe a fin de siglo.
A
comienzos del siguiente, don Fernando Ortiz, la máxima
autoridad del negrismo, publicó con prólogo del profesor en
Turín, Don César Lombroso (1905)
“Los
Negros Brujos”, un compendio de la mala vida y la brujería.
Los actores, después de haber pasado por un proceso de
transculturación, herencia de tres siglos, fueron manumitidos.
Indesligable de las vivencias laborales la etnia cantaba dándose
ánimo en el trabajo. Así es fundamental lo que éste señala:
que “la sangre llama, aludiendo generalmente a la estimulación
de unos supuestos glóbulos negros que al percibir los ritmos
danzarios se precipitan en la circulación sanguínea y
cosquillean los músculos hasta arrastrarlos al movimiento”.
La
metáfora del café con leche
Esto nos lleva obligatoriamente a recoger el concepto de
“La Historia de la Danza” de Curt Sachs
(Londres 1938) cuando magistralmente define que la música
danzaria es más emotiva que la cantable. Distingue “la música
patogénica como brotada de las emociones, que tiende a la
motricidad, a la división de los sonidos y a la danza,
contraria a la logogénica que surge de la expresividad del
lenguaje y tiende a la multiplicación de sonoridades al canto y
a la audición reflexiva. Por ello, la música negra es en su
definición extraversa para la acción y el baile, mientras que
la blanca es intraversa para la reflexión y el análisis. En ésta
se pasa el tiempo; en aquella se aprovecha. Aquí reposa la
riqueza seminal de la alegría de la música del Trópico.
Para terminar quisiéramos
decir, que es recién en las últimas décadas donde este género
ha logrado su mayor difusión, habiéndose el mundo africanizado
musicalmente hablando. Fue Emil Faure en sus “Tres Gotas de
Sangre” (Paris 1929) quien estableció que una pizca de sangre
de negros en un lago de sangre de blancos, bastaba para darle el
gérmen de las cadencias decisivas. Sostengo que la música
negra es una batería percusiva, principalmente, bajo el dominio
de los cueros, hoy ha invadido los ritmos populares en lo que
puede ser “la metáfora del café con leche” y donde desde
la contradanza al danzón y toda su prolífica descendencia
afrolatinocaribeñoamericana, se ha metido, cual alfil festivo,
en todos los ambientes. En la “Africanía de la Música de
Cuba” hace cincuenta años, don Fernando Ortiz sentenció
“con mengua de picardía y aumento de tolerancia, los bailes
de la gente de escaleras abajo van subiendo los peldaños
sociales hasta penetrar en los salones y compartir los
esparcimientos de las gentes de escaleras arriba. Los bailes de
la oclocracia de los barracones treparon hasta la aristocracia
de las mansiones”. Así, el trabajo en la música y su disfusión,
es fuente de importantes ingresos en los países dentro del triángulo
de las Bermudas.
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