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Por.:
Luis Delgado
Aparicio-Porta
Stravinsky
lo llamó ‘genio de la música moderna’
Pérez
Prado: Hoy como ayer
El
mambo es una experiencia definitiva que en su maravillosa
complejidad polirítmica y politonal, alberga la capacidad de
provocar, con extrema facilidad, la descarga emocional que los
griegos llamaron catarsis, siendo su equivalente en el Caribe a:
"Se soltaron los caballos". Es la expresión sonora de
mi generación, aunque hubiese querido que lo fuera de todos.
Esta
música es también la suma de las múltiples transculturaciones
que formaron a nuestro Continente. Su genial intérprete, Dámaso
Pérez Prado, tiene tal dimensión que no sólo Igor Stravinsky
lo llamó "genio de la música moderna", sino que, aún
en diversos estilos musicales actuales, se halla su indeleble
huella.
Es
así que este Quijote-tropical ha recorrido con su arte todo el
mundo, sobre todo Europa y el Asia, donde, una conocida orquesta
de tangos, la Tokyo Cuban Boys ejecutó el mambo como un símil.
Precisamente como un homenaje al país oriental compuso
"Cerezo Rosa", que en los años 50 llegó a ser un
resonante hit y cuya vigencia continua. Estuvo en el primer
lugar de la época durante 26 semanas (Billboard de U.S.A.),
habiendo sido transformado y recompuesto por Dámaso Pérez
Prado sobre un tema francés Cerisier Rose et Pommier Blanc, que
fue tema de la película "Underwater" con Jane Russel
y Daniel Roland, donde el "cara e foca", se interpretó
a si mismo.
"Pérez
Prado en entrevista con el
Dr.
Luis Delgado Aparicio".
Introito
En
noviembre de 1988, a instancia del Dr. Francisco Miró Quesada
Rada llevamos a cabo un Seminario en el Instituto Nacional de
Cultura (I.N.C.) sobre la música AFROLATINOCARIBEÑAMERICANA
cuyo colofón fue invitarme a escribir, a página entera, en el
Decano de la Prensa Nacional, El Diario El Comercio, diversos
artículos que hoy queremos rememorar y refrescar, a sabiendas
que el género se encuentra "en el pico más elevado de la
popularidad".
Lima
en mambo
Mi
vinculación auditiva con Pérez Prado se da a través de sus
presentaciones en Radio El Sol en 1951 y en los discos de la época
(lo escuchaba al terminar la radionovela El Derecho de Nacer del
también cubano Félix B. Caignet). Durante los años 1962-64,
en El Biombo Chino, Casablanca y Pasapoga de Madrid, pude
apreciar su talento, figura y gran orquesta en toda su dimensión
y esplendor. En la conversación que sostuviéramos en el Hotel
Crillón, en Febrero de 1983 a instancia del Sr. Omar Swayne,
destacado periodista nacional, pude conocerlo, alternando con él
durante tres horas y recogiendo de sus palabras, no sólo la
entrevista que se publicó en la época, sino repasando la
historia de la música con su versación y conocimiento. Es
contundente lo que sostiene la historiadora Elena Pérez
Sanjurjo sobre el mambo: "Desde que Pérez Prado lo creó,
le tuvo mucha fe, entendiendo que no era posible oirlo y no
salir a bailar. Es un músico natural y genial que lleva en su
sangre el sentido del ritmo con todas sus complejidades"
(Historia de la Música Cubana - La Moderna Poesía, Miami,
Florida - 1986; páginas 354 y 486).
Ha
visitado nuestro país en varias ocasiones. Cuando vino por
primera vez en 1951, se organizó un gran concurso de mambo en
la Plaza de Acho del Rímac en Lima. La primera fecha fue un
verdadero pandemonium y, según nuestras fuentes, contó con la
animación de Carlos Oneto "Pantuflas" (padre de la
coloquial Betina Oneto). A propósito de lo anterior, Mario
Vargas Llosa escribe en Los Cachorros: "Cuando Pérez Prado
llegó a Lima con su orquesta, fuímos a esperarlo a Córpac y
Cuéllar, a ver quién se aventaba como yo, consiguió abrirse
paso entre la multitud, llegó hasta él, lo cogió del saco y
le gritó ¡Rey del Mambo!. (Los Jefes y Los Cachorros - Seix
Barral S.A., página 121 - 1982 - Barcelona, España).
Dámaso
Pérez Prado
El
mambo (palabra bruja/conga) alteró el ritmo de la ciudad y la
tranquilidad del poder espiritual que no vio con buenos ojos la
festividad pagana que alcanzó ribetes de epidemia. En otra de
sus visitas hizo padrino de su matrimonio a su mejor amigo,
Guido Monteverde Morzan, quien fuera notable periodista de
espectáculos y creador de la Bim Bam Bum, para escaparse a una
ceremonia celebrada en Puente Piedra. Posteriormente, Mario
Vargas Llosa en la sección Piedra de Toque de su programa La
Torre de Babel del 13 de agosto de 1981, al cual fui invitado,
dijo: "El mambo se presenta con la velocidad de un ciclón
antillano que siempre tiene nombre de mujer.
En
los barrios prósperos o pobres, el mambo fue monarca absoluto.
Una verdad ha permanecido y se ha ido imponiendo en ese vértigo
de ritmos, canciones y bailes que se sucedían en la preferencia
del público: que la música popular es uno de los vínculos más
sólidos que tienen los pueblos de América Latina. Un dominio
en el que fraternizamos con facilidad y nos identificamos como
miembros de una gran familia por encima de las diferencias geográficas
y políticas. Como la literatura, otro quehacer en el que los
latinoamericanos reconocemos nuestra patria común, la música
popular ha sido sin proponérselo, sin que sus compositores y
ejecutantes siquiera los sospecharan, una fuente poderosa de
comunicación, entendimiento y amistad entre los hombres y
mujeres de América Latina" (Panamericana Televisión -
Canal 5).

Antecedentes
Dámaso
Pérez Prado nació en la provincia de Matanzas - Cuba el 11 de
diciembre de 1916. Siempre fue partidario de rebajarse la edad,
por lo que, diversas fuentes señalan que su nacimiento fue en
1921. Este le contó a la periodista Erena Hernández, en una
entrevista concedida en su domicilio de la Avenida Chapultepec y
Circuito Interior en Ciudad de México, "que fueron sus
padres don Pablo Pérez, periodista de "El Heraldo" y
doña Sara Prado, directora de la Escuela Primaria N° 17 de El
Naranjal en Cuba" (La Música en Persona - Editorial Letras
Cubanas, Ciudad de La Habana, Cuba, página 13, año 1986).
En
1942 llega a La Habana donde trabaja con la orquesta del cabaret
Pensylvania de la Playa de Marianao por $ 1.45 la noche. Toca el
piano en el cabaret El Kursal del Muelle; luego pasa a la
orquesta de Paulina Alvarez. En 1943 integra La Orquesta Casino
de la Playa, que según le he escuchado a los entendidos fue una
"incubadora de talento cubano" y después hizo los
arreglos para Orlando Guerra "Cascarita". De la época,
el conocido investigador e historiador del Jazz, Ralph J.
Gleason sostiene que Pérez Prado le confesó que " el
mambo era un ritmo afro-cubano con unos toques del swing norteámericano".
El
vocablo MAMBO, proviene del dialecto ñáñigo hablado en Cuba
por los integrantes de la Sociedad Secreta Abacuá, una cofradía
esotérica, mágico- religiosa, conformada sólo por hombres,
que provienen del Calabar, hoy provincia de Nigeria y que se
establecieron en el puerto habanero de Regla en 1836 por negros
de orígen carabalí. Tal como explican Jorge e Isabel
Castellanos en sus cuatro tomos de Cultura Afrocubana: "si
comparamos a los Abacuás con el Mitraísmo o con el Orfísmo,
con los ritos de Eleusís o de Isis, o con la secta pitagórica,
se evidenciarán los parecidos. Todas tienen en común, además
de su hermetismo, una serie de creencias y prácticas "
totalmente diferentes a las otras Reglas (Ochá, Conga, Carabalí,
entre otras menores). Deviene del "abrecuto y güiri
mambo" (abre tus ojos y ¿escucha?), que procede del Bantú
de Africa Occidental al referirse a "conversaciones con los
dioses" y de Haití, donde en Voodú es una
"sacerdotisa" ( Ediciones Universal, Miami, Florida
U.S.A. - 1994).
Ninón
Sevilla
Fue por iniciativa del cantante Kiko Mendive que viaja a México,
donde escribe arreglos para las películas de Ninón Sevilla,
siendo ella quien le abre las puertas del cine y el espectáculo
-el teatro Blanquita ha sido su hábitat y también su carpa
rodante -, la posibilidad de dar rienda suelta a su genio.
Ya
desde 1944 intentaba la fusión de elementos del jazz con la música
cubana, lo que se conocería mundialmente como el tránsito del
Be-bop al Cu-bop. Luego vendría su importantísima asociación
con "El Bárbaro del Ritmo", Benny Moré, (que había
dejado en Méjico al Trío Matamoros) y desde los cincuenta su
consagración y la aceptación unánime del mambo.
Dimensión
Universal
Con
el Mambo de Pérez Prado, el arte vuelve a su estado original;
conjunción de música y danza. Es la invitación para ejercitar
la (des)articulación sacroilíaca o más bien, lo que don Ramón
Menéndez Pidal denominó "convulso esguince". Es un
inocente y trascendente regocijo, además de jeringoza, sonidos
guturales (su famoso UAH que utilizaba como novedad pero
sobretodo para marcar los cambios y guapear a la rítmica, a
quien mandaba con su dirección, utilizando además, sus manos y
sus pies). Son partículas de voz, interjecciones y onomatopeyas
a las que el humanista mexicano Alfonso Reyes dio el nombre de
jitanjáforas. Visto así, el mambo es la edad mental del homo
ludus, (aquel que se entretiene y juega con la naturaleza en
libre albedrío).
Lo
cierto es que el Rey del Mambo vitaminizó -valga la expresión-
toda la sección rítmica con lo que junto a la fresca síncopa
de los vientos le permitió dar a conocer su talento y
universalizar su música. Su creación motivó a que sellos de
esa época como Decca, Columbia y Capitol se alinearan con el
mambo, haciendo así que la conjunción Pérez Prado/RCA -Víctor
tuvieran difusión mundial. Pero no fue sólo furor de una época;
los maestros dejan escuela, y es así que en su artículo
"El Rey del Mambo", Mark Holston señala: "La
generación más joven, para quien el nombre de Pérez Prado no
significa nada, puede sentir esa influencia en la obra de
artistas populares tan distintos como lo son Michael Jackson,
Culture Club y Lionel Richie. Es evidente que la base rítmica
que Pérez Prado y otros innovadores afrocubanos sentaron hace más
de cuarenta años es aún un elemento muy usado, tanto en la música
popular como en el jazz".
Los
estudiosos afirman que Pérez Prado ha sido ferviente admirador
de los clásicos y también de Artie Shaw, Benny Goodman y,
sobre todo, de Stan Kenton tal como lo puntualiza Marshall W.
Stearns en su The Story of Jazz (Oxford University Press, New
York - U.S.A. Capítulo 19 [Afrocuban Music] - 1956, páginas
254 - 255) . Es así como se consagra, junto con otros músicos
cubanos como Miguelito Valdez, Chano Pozo y Machito, el abrazo
sonoro de dos culturas de madre africana. Al Rey del Mambo
comienzan a seguirlo los músicos de jazz en una experiencia que
se extiende hasta nuestros días, (Herbie Mann, Cal Tjader, Duke
Ellington, Dizzy Gillespie y Chick Corea) en lo que significa el
vigoroso latín-jazz (Tito Puente, Michel Camilo, Chucho Valdez,
Gonzalo Rubalcaba, Poncho Sánchez y Hilton Ruiz entre otros), y
que aparece como un proceso al que Carlos Fuentes llamaría
"Metamorfosis Circular" (La música del Caribe es una;
la transfiguración es su signo y los matices vecinos de sus
parientes constantes).
A pesar del tiempo transcurrido, el Maestro Pérez Prado sigue
vigente y recordado en las polémicas que aún se dan en torno a
la creación del mambo, a nivel académico. Porque debe
recordarse, que en 1938 la orquesta cubana de Arcaño y sus
Maravillas interpretó un danzón de Orestes López titulado
"Mambo" (siendo precursor del vocablo) y Arsenio Rodríguez,
"el ciego maravilloso" lo llamó "diablo y/o
mambo" a la parte que sigue al montuno (ostinato). Este
pequeño "gigante" cubano, producto de la síntesis de
dos culturas lo creó y lo arregló a su entero dominio poniéndole
la síncopa a los saxofones y el canto a la trompeta, diseñando
además, un baile nuevo (qué mayor demostración sobre el tema
que la versión arreglada por él de la composición de Rimsky
Korsakoff "El Vuelo del Moscardón" en su LP PREZ-RCA
Víctor (# 1556) grabado en 1956, a diferencia de la charanga de
Arcaño donde la cadencia era otra y la síncopa la llevaban los
violines. En su libro Raíces del Jazz Latino [Un Siglo de Jazz
en Cuba] el maestro musicólogo Leonardo Acosta dice: "No
obstante, para que pueda hablarse de un nuevo género o
modalidad, se requiere por lo menos la concurrencia de varios
elementos "nuevos" combinados, como son: 1) la ritmática
o patrones rítmicos; 2) el ámbito melódico-armónico; 3) el
estilo de orquestación y el timbre o sonoridad; y 4) la forma o
estructura. Y a pesar de todas las influencias que pueda haber
recibido, Dámaso Pérez Prado es quién más se ajusta a estos
requerimientos". Concluye el capítulo dedicado al mambo y
al jazz cuando dice: "La impronta de Pérez Prado está
presente en mambos originales de las mejores orquestas cubanas
como Bebo Valdés ("Güempa", "Rareza del
Siglo", "Ritmando el Chachachá"), de Peluchín
Justiz ("Mamey Colorao", "España en
Llamas", "Semilla de Marañón"), y Stan Kenton
al grabar "¡Viva Prado!" en homenaje al rey del
mambo. No es extraño que Benny Moré (1919 - 1963), en quien Pérez
Prado encontró al único cantante que podría igualar y hasta
superar a Cascarit, llevara a su banda, conocida como La Tribu
el sonido del mambo de Dámaso Pérez Prado" (Editorial La
Iguana Ciega, 2001 Fundación Cultural Nueva Música-
Barranquilla, Colombia). Por eso debemos enfatizar que El Bárbaro
del Ritmo en una clarísima inspiración sostuvo con su canto
que: "quién inventó el mambo que me provoca; un
chaparrito con cara de foca", por lo que cualquier discusión
académica sobre la materia queda completamente despejada,
respecto a su creación.
Entre
las diversas películas que se hicieron por inspiración de este
ritmo figuran Al Son del Mambo, Del Can Can al Mambo, Hotel de
muchachas y Qué rico el Mambo, donde aparecen María Antonieta
Pons y Caridad y Bertha Vázquez, las renombradas Dolly Sisters.
Quedan como ejemplos de la genialidad del músico matancero su
"Concierto para Bongó", la "Suite de las Américas",
"Norma, la de Guadalajara", "Arrullo en el País
de los Pájaros", "Pianolo",
"Gateando", y un centenar de mambos que nunca perderán
vigencia. No podemos olvidar que las producciones discográficas
Havana 3 a.m. y Voodoo Suite son mencionadas en conversatorios,
clínicas y seminarios, como vivos ejemplos de la genialidad del
Maestro.
El
musicólogo Natalio Galán escribe: "Estas estridencias
hicieron la característica oficial del mambo en el 50, como la
teatralidad de Pérez Prado en sus gritos a contratiempo,
siempre respaldado por la batería de conga, bongó, clave y
cencerro que constituía el timbre cubano original. En su etapa
clímax el mambo se hizo muy instrumental, prefiriendo el timbre
de los metales a la voz. No dejó de contar con ésta, que
aparecía con onomatopeyas, sin el juego irónico de la guaracha
o el son, más un ‘gloriglolo aletear’ del que Ballagas o
Nicolás Guillén hubieran aceptado la paternidad. Pérez Prado
le situaba en una hilera de abstracciones, enumerándoles
simplemente Mambo 1,
2, 3, 4 y 5, convirtiéndose éste último en uno de los más
populares" (Cuba y sus Sones - Prólogo de Guillermo
Cabrera Infantes; Artes Gráficas Soler, Pre-Textos 1983,
Valencia, España). Empero, en 1958 tuvo uno de sus más grandes
éxitos con "Patricia" que estuvo 21 semanas el
Billboard en U.S.A. y fue usada por Nino Rota como el tema de la
película de Federico Fellini, La Dolce Vita. Según el
estudioso don Cristóbal Díaz Ayala, de la famosa "Suite
de las Américas" se apropiaron indebidamente del tema
"Pluis Fort que Nuis, para la película francesa" Un
Hombre y una Mujer (Música Cubana - Del Areyto a la Nueva Trova
- Editorial Cubanacan, Primera Edición de 1983; Hato Rey,
Puerto Rico).. Por otro lado, en la contradicción de la vida de
un Maestro, sus rítmos "La Chunga y El Dengue" fueron
rápidamente olvidados.
Es
así, que para mí, la experiencia del mambo en su plano visual
adquiriría otra dimensión, ya que veo a este pequeño gigante
sumergido en su música, alzándose a la escala de un titán
arlequinesco, y disfrutando su pirotecnia musical con ribetes de
barroquismo. El consideraba que había que pasar por lo clásico
para llegar con altura a lo popular, por lo que se vanagloriaba
de interpretar el PRELUDIO de Rachmaninov y las Sonatas de Grieg
en sus diversos conciertos. Adaptó temas como "María
Bonita", "Cucurrucucú Paloma", "Bahía",
"Granada", "Malagueña", "La
Comparsa" y muchos más a su mundialmente famoso sonido y
que cincuenta y cuatro años después, sigue en plena vigencia.
En
nombre de una supuesta modernidad para algunos críticos, el
legado de Pérez Prado no puede ser desdeñado ya que constituye
un pilar fundamental sobre el cual reposa la música a partir de
la década del cincuenta. Por tanto, me inclino a pensar que
este ritmo se presenta en todas las instancias, ya que un
profano lo disfruta a plenitud, el entendido reconoce en su
colección todas las variantes, y el académico lo analizará
con rigor científico.
Se
murió de un ataque al corazón el 14 de setiembre de 1989,
después de haberse mermado su salud dos años antes. Le
sobreviven su viuda y sus hijos, Dámaso Pérez Prado Salinas
jr. y su hija María Engracia. En el libro Latin Jazz -La
Combinación Perfecta del señor Raúl Fernández con prólogo
del gran músico Andy Gonzáles y epílogo del legendario Al
Mckibbon (que fuera integrante de la orquesta de Dizzy Gillespy
y compartiera la tarima y grabaciones con Chano Pozo) publicado
por el Chronicle Books como parte de la exhibición organizada
por la Smithonian Institution, copyright 2002,
debo recoger obligatoriamente, lo que dice la página 58 - 59:
"un pianista muy dotado de Matanzas, Cuba, Dámaso Pérez
Prado empezó a experimentar con timbres y arreglos insólitos a
principios de los años 40. Cuando estuvo en Méjico a fines de
esa década se encontró con el éxito inesperado de varias de
sus melodías, en particular "Qué Rico el Mambo" y
" Mambo N° 5". Por todo lo anteriormente expuesto,
debo finalmente enfatizar que su música sigue sonando en toda
su magnitud, no sólo en sus diversos temas, sino en la
influencia que tiene sobre las organizaciones musicales y los
articulados y sofisticados arreglos que permiten escuchar este
ritmo en toda su dimensión.
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