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Por:
Julio D
El
Más puro Sonero
El
Lajero prodigio, ó
El
Bárbaro del Ritmo
Benny
Moré
En
la ultima edición de su columna salsera preferida “Sonero
Soy” hable sobre los reyes de la bomba y plena, de Rafael
Cortijo e Ismael Rivera, fue tanto el agrado del publico que
algunos panitas me pidieron que hablara de otro grande del
soneo, de Bartolomé Maximiliano Moré pero era mas conocido en
el ámbito musical como Benny Moré. No podemos dejar de
nombrar, la influencia que tuvo Cuba con su música, es decir
con su son, es uno de los ingredientes principales, para lo que
hoy conocemos como el genero de la “salsa”.
Todos
conocemos de una u otra forma algo de la vida de Benny. Ligado
en mucho a la leyenda, su historia es recordada discográficamente
por los conocedores del genero.
El
era exquisito; en la extravagancia de su ropa y en lo desgarbado
de su figura; era exquisito en su poder de convocatoria y en su
arte comunicacional.
Nunca
supo leer ni escribir una partitura y sin embargo pocos como él
para dirigir una orquesta, para improvisar, y para dibujar las
flores coreográficas que él dibujó.
Fue
siempre transpiración de la musicalidad y perfección para el
canto. Cantar, vale recordarlo, mas que un oficio es una virtud
a la que no todos los que vivimos en esta tierra la tenemos.
Fiel
a su pueblo, a sus orígenes, a su raza mantuvo siempre en alto
la bandera de sus amores, la tierra que lo vio nacer “Cuba La
Bella”.
En
lo personal solo conozco su imagen a través de unas fotografías
y videos, y su voz a través de los discos. Yo estoy seguro que
aquí en Montreal hay cubanos que lo conocieron personalmente y
disfrutaron de este gran sonero antillano.
Era
poseedor de un don de oído absoluto. Era bárbaro, si señor.
Era el Benny.
Sabia
que había nacido el 24 de agosto de 1919 en Santa Isabel de las
Lajas, pero lo que ignoraba era que su apellido era prestado
porque su ancestro Gundo, ni eso tenia. Este Gundo, de estirpe
noble en su tierra natal, el Congo, fue llevado en calidad
de esclavo a Cuba y allí adquirió como primer apellido
el de su primer dueño Ta Ramón Gundo Paredes. Porque en el
tiempo de la esclavitud, el apellido iba cambiando conforme
cambiaban los dueños. Hasta que fue vendido al Conde Moré, dueño
de un Central en Santa Isabel de la Lajas.
Ta
Ramón Gundo, ahora Moré, adquirió su libertad y se quedo con
el apellido. Volvamos con Benny.
A
los 6 años de edad ya estaba en la calle trabajando y a los 11
ya había abandonado la escuela para
dedicarse de lleno a las faenas agrícolas. A los 17 años
y luego de haber organizado las históricas orquestas de
perolitos que ilustran la vida de casi todos los músicos del
Caribe. Bartolomé se integro a una orquesta de verdad. Lajas,
Pueblo Nuevo y La Guinea le fueron quedando pequeños a su
audacia. Ya había conocido en la zafra, machete en mano, a
Israel Castellanos, tresero que le enseño a tocar el tres y la
guitarra y al que después inmortalizaría en la canción:
“Israel Castellanos Que bueno baila usted”.
En
1940 inicio el camino hacia La Habana, teniendo en mente
emprender la conquista de la capital cubana.
Gano
en concursos de radio algo de popularidad, pero no dinero.
Cantaba en bares y en el puerto, admiraba a Panchito Risett.
Los
sueños comenzaron a cumplírsele cuando le toco sustituir en
una audición radial, nada menos y nada mas que a Miguel
Matamoros porque este se encontraba afónico. La suplencia fue
excelente. Tanto que Miguel le pidió que se quedara en su
grupo. Inicia la aventura de su carrera al partir con ellos
hacia México.
Era
el 21 de junio de 1945. Se quedo en México. Matamoros le
recomendó que se cambiara el nombre porque en tierra azteca
Bartolo significa “Burro”. El mismo
Bartolomé se denomino Benny.
Fue
voz de orquestas realmente importantes como la de Mariano
Merceron, Rafael de Paz y Arturo Nuñez. Su primera grabación
para la RCA Víctor de México, fue “Me voy pa’l pueblo”
pieza que, según Bolívar
Navas, es de Mercelino Guerra.
Vendría
luego la junta con Dámaso Pérez Prado, cubano como
Benny, inquieto como Benny y con un ojo comercial que
Benny no tenia.
La
combinación de los dos fue explosivamente deliciosa y desde
“Bonito y Sabroso” hasta “Locas por el Mambo”
Fue
un Profeta en su tierra
Con
toda la fama posible a cuestas, Benny Moré llego a Cuba para
constatar que en su patria era prácticamente un desconocido.
Emprendió la conquista de Cuba justo por donde nació el son:
Santiago de Cuba. Su éxito fue inmediato y sirvió para
despejar toda duda sobre la obtusa falsificación que había
realizado unos meses antes Pérez Prado con él, en una historia
tracalera y poco divulgada.
Dámaso
Pérez Prado, ya sin Benny estuvo en Cuba y para prevenirse de
posibles fracasos se llevo a un cantante que se llamaba Yeyo Cané.
La cosa era en que Perez Prado, presentaba a Yeyo como Benny.
Cuando el verdadero Benny canto en Santiago de Cuba quedo
develado el engaño y cimentada la fama de Moré. Tan así fue
que en ese mismo tiempo fue bautizado en la Misma Cadena
Oriental de Radio como “El Bárbaro del Ritmo”.
Vivió
una etapa por demás hermosa en la música cubana. Asistió al
nacimiento de Chachachá, le dio el impulso a la Orquesta Aragón.
Asombro a los mejores músicos de entonces con su talento
excepcional, con su arte inimitable, con su gracia y su
sensibilidad; se hizo ídolo por derecho propio y dejo para las
posteridad temas de todo tipo, muchos compuestos por él, con
los que evidencio la asombrosa facilidad con la que pasaba de un
apretado mambo y una contagiosa guajira a un delicado bolero.
Benny
Moré fue quien bautizo a Miguelito Cuní y a Ismael Rivera como
los soneros mayores.
En
un caribe pleno de excelentes cantantes solo ellos tres
ostentan, hasta ahora, el honor de Mayores como Soneros.
Famosa
la anécdota en la que se cuenta que un personaje le ofreció
millones para que se fuera a Estados Unidos; Benny dijo “Esta
bien”.
Me
voy, pero debo llevarme a toda mi familia. Satisfecho, el
empresario le dijo que no habría problemas y pregunto cuantos
eran. Y fue entonces cuando Benny le respondió con su
inolvidable sonrisa: “Son tres millones de cubanos”.
Falleció
en La Habana el 19 de febrero de 1963 a las 9:15 de la
noche. Inmediatamente se declaro duelo musical. Fue trasladado a
Santa Isabel de las Lajas, su rincón querido para ser sembrado
allí.
Su
campo cobijo su cuerpo. El aire se encargo de expandir su
inmortalidad. El tiempo se ha ocupado de mantenerlo vigente.
Bueno,
me despido y como se diría en un buen final humildemente misión
cumplida Cuba.
Saludos
a todos los hermanos cubanos por tener en su tierra a esta gran
gloria de la música antillana.
Hasta
la próxima
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