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Por:
Julio D
COLOMBIA:
UNA GRAN COLABORADORA DE LA
MUSICA ANTILLANA
Uno de los países sudamericanos que goza y vacila del género
de la salsa, es nuestra hermana República de Colombia, con su
belleza femenina, bonitos paisajes, tierra del buen café, la
buena música autóctona como el vallenato, y no olvidar el buen
“aguardientico” que es el toque final para completar la
faena.
Comencemos por uno de los ritmos más escuchados
internacionalmente; “El Vallenato”.
Cuenta la leyenda que a principios del siglo XX Francisco
Moscote era el mejor acordeonero de la región del valle de
Upar (las antiguas provincias de Padilla, Valledopar y Santa
Marta). Francisco era conocido como “Francisco El Hombre” y su
leyenda llegaría hasta las paginas de “Cien años de Soledad”
de Gabriel Garcia Marques. Así los aires vallenatos
permanecieron en manos del pueblo hasta que dos oleadas
migratorias lo extendieron hacia las zonas bananeras
controladas por las grandes compañías americanas. A partir de
los años 1960 y 70 el vallenato se extiende a toda Colombia
gracias a las canciones de Rafael Escalona, interpretadas por
Alfredo Gutiérrez. Desde 1968, se celebra el Festival Leyenda
Vallenata en Valledupar, cuyo primer rey fue Alejo Duran,
llamado el “rey negro del Vallenato”.
Hablemos del Sr. Rafael Escalona, nació en un pueblo junto a
la sierra de Santa Marta. Él era de Clase Alta así que, cuando
sus padres se enteraron que componía “canciones de
jornaleros”, la familia tuvo el disgusto de su vida. En
represalia por esa afición, Rafael Escalona jamas pudo
aprender a tocar un instrumento, circunstancia que no impidió
que captase la esencia de vallenato que trasladaba a los
interpretes tarareando melodías.
Uno de los grandes cantantes en popularizarlas fue un joven
actor que había hecho sus pininos en la canción melódica, un
tipito de pelo largo llamado “Carlos Vives” viene de la misma
tierra que Don Rafael; Santa Marta, la que tiene tren pero no
tiene tranvía, según la cumbia popular en España. Protagonizar
la serie sobre Escalona la llevó a interpretar casi todo el
repertorio del compositor, lo que descubrió el cantante un
tesoro que nadie se había atrevido a grabar con los medios
técnicos habituales en el rock. El vallenato, era despreciado
por popular, por música de campesinos. Así que, cuando vieron
que el disco con las composiciones interpretadas en la serie
de T.V. funcionaba, se escogieron los vallenatos más
representativos de todas las épocas, se puso dinero en la mesa
para pegar este proyecto y se logró. Por ejemplo el clásico de
Emiliano Zuleta “La Gota Fría”, lanzo al disco a un nivel de
ventas increíbles en Colombia: mas de ochocientas mil copias.
Arrasó con todo y provocó un loquerio en Cali, donde media
ciudad quería que el tema de la “Feria” de 1994 fuera “La
Gota Fría”. La otra mitad consideraba que tal propuesta era un
herejía. ¿Quién se atrevió a pensar que un vallenato con aire
de “reggae” puede convertirse en el instrumento bailable en la
ciudad de la salsa? Ganaron los salseros, porque se proclamó
como la canción del año en Cali; mas no la representativa de
la “Gran Feria”
LA SALSA LLEGA A
COLOMBIA
DOCE
REVOLUCIONES MAS POR MINUTO
En febrero de 1968, llegaron Richie Ray y Bobby Cruz con su
grupo a Barranquilla. También estuvieron en Cali, pero fue en
esa ciudad que se convirtieron en leyenda. Volvieron en 1969
de la cual se escribió un libro sobre esta visita, llamado
“Que viva la música” que resaltaba el

enfrentamiento de la
nueva música en Nueva York con la que armaban los grupos
locales: “El pueblo de Cali rechaza a los graduados, los
hispanos y demás cultores del sonido “Paisa” hecho a la medida
de la burguesía, de su vulgaridad. Porque no se trataba de “Me
toco sufrir en esta vida” sino de “Aguzate, que te están
velando.. ¡Viva el sentimiento afro-cubano ¡Viva Puerto Rico
Libre!
Lo más sorprendente de las características de la “Feria de
Cali” es el destacado papel de los bailadores personajes que
viven arrebatados en el ritmo, tanto que la mayoría de los
elepés eran pinchados a 45 revoluciones por minuto en lugar de
las 33 habituales. Semejante aceleración elevaba el
protagonismo de los bailadores.
La salsa es el ingrediente principal, pero no faltan a la cita
el vallenato, esto se convierte en cada año en una olla a
presión con la música del Caribe.
CALI Y BARRANQUILLA:
LA SALSA SOY YO
La descripción del bailador Barranquillero es: pausado,
cadencioso, golpea el piso con su pie derecho, mueve las
caderas y parece bailar a media revolución del tiempo que
dicta el disco. En cambio el Caleño es: acelerado, incansable,
sus rodillas parecen de goma, salta, brinca, parece competir
en una carrera de cien metros planos por la forma en que mueve
sus brazos. Sus revoluciones exceden la normalidad. Los
Barrinquilleros asumen su naturaleza costeña, tienen enfrente
el Caribe y se alimentan de toda clase de ritmos, desde reggae,
al vallenato, pasando por la cumbia.

Ese carácter parece impregnar a su hijo más querido Joe
Arroyo: “Y sí a mí me meten preso, Barranquilla a mí me saca
(En Barranquilla me quedo).
“El Sonero de
América del Sur”,
Alvaro José Arroyo, pieza muy importante para el desarrollo y
dar a conocer al mundo la salsa colombiana.
En sus comienzos trabajo con “La Protesta” cuando Fruko lo
recluto a su orquesta era uno de los pocos cantantes y
compositores de la época. Y se convierte en el cantante líder
de Fruko y sus tesos. Después paso a las filas del grupo “The
Latin Brothers” y en 1981 funda su propia orquesta, la llamó
“La Verdad” porque nadie creía en esta orquesta, que todo era
una farsa, por eso la llamó así. En la década de los ochenta
Arroyo graba una serie prodigiosa de discos con los que
consigue imponer una síntesis del Caribe.
Fruko: Director,
bajista y percusionista
Julio Ernesto Estrada siendo muy joven, trabajó como mensajero
en la “Escudería de Medellín, Discos Fuentes. Una noche fue
sorprendido por Antonio Fuentes, director y fundador de la
discográfica que le ofreció una oportunidad para tocar como
timbalero en los “Corraleros del Majagual” una de las bandas
míticas de la cumbia, al lado de Calixto Ochoa y Lisandro
Meza. Viajó a Nueva York en 1969 con este grupo que interpretó
su repertorio alternándose con la orquesta de Johnny Pacheco.
A su regreso viene con nuevas ideas, el de hacer música
neoyorquina, Julio toma su nombre Fruko, surgido del parecido
con el logotipo de una salsa de tomate. Afianzado en Colombia
como salsero, a principios de 1976 se presenta en el “Madison
Square Garden” con los cantantes Wilson Manyoma y Joe Arroyo.

Esto es un breve resumen de los ingredientes básicos de la
música colombiana, tenemos que nombrar también al “Grupo Niche”
(formado en 1978 y liderado por Jairo Varela), “Guayacan”,
“Los Titanes”, “Son de Azúcar”, “La Misma Gente”, ahora mismo
tenemos a una banda que esta dando mucho de que hablar “Grupo
Galé”, y “Son de Calí”. Es que la riqueza de los ritmos
folklóricos de la costa caribeña de Colombia se desgrana en
todas las composiciones. La presencia de instrumentos ligados
al Son Cubano como maracas, bongos, claves y tres deja en
evidencia la incorporación de elementos sofisticados
desarrollados en Cuba y que en Colombia son incorporados al
folklore nacional.
Esta edición va dedicada a todos mis hermanos colombianos que
de una o otra forma siempre están apoyando a esta columna
salsera. Muchas gracias.
Hasta la próxima |